El debate

Conocido es que las encuestas vía internet son poco de fiar, entre otras razones porque puede uno votar o pronunciarse sin siquiera haber seguido la emisión sometida a consulta. Y en las hechas por teléfono puede suceder un poco lo mismo.

Recuérdese, por ejemplo, aquel debate Pizarro-Solbes en vísperas de las elecciones de marzo de 2008, en el que el entonces candidato del PP le cantó las verdades del barquero al flemático ministro de Economía del gobierno Zapatero. Todas las encuestas señalaron al segundo como claro ganador, aunque luego la realidad le diera toda la razón al primero.

Pues bien: con todas las reservas que deban hacerse sobre su fiabilidad, los sondeos que han seguido al debate electoral del lunes en Antena 3 varían en los porcentajes, pero han venido a coincidir en las grandes conclusiones: derrota sin paliativos de Pedro Sánchez; una cierta decepción con Albert Rivera; un haber sabido guardar los muebles del PP por parte de Soraya Sáenz de Santamaría, aunque sin excesiva brillantez, y una victoria clara de Pablo Iglesias.

Y así –creo- fueron las cosas: un candidato socialista descolocado desde el minuto uno; un dirigente de Ciudadanos acelerado en su expresión oral y nervioso en el escenario como pocas veces se le ha visto; una sustituta de Mariano Rajoy que estuvo más en su papel de portavoz y defensora del Gobierno que de aspirante a diputada por Madrid; un líder de Podemos que se movió en el plató como pez en el agua, telegénico y suelto ante las cámaras cual acreditado profesional del medio. Muy posiblemente va a ser él quien mayor rentabilidad electoral saque del debate. Y aunque no entraba en las encuestas, no habrá que pasar por alto a la copresentadora –Ana Pastor- tan atosigante y cargada de tópicos en sus incursiones interrogatorias como en ella es habitual.

La puesta en escena del debate, con los intervinientes de pie si nada en que apoyarse o cubrirse no favoreció en nada a la pequeña estatura de Sáenz de Santamaría, vestida como estuvo además con un chaquetón ampuloso que no iba para la ocasión y maquillada de más. No sé quién la dejó comparecer así.

Y en cuanto a los mensajes de unos y otros –que sería lo principal- nada especialmente nuevo que poner de relieve. Salvo la pifia de Iglesias en su referencia a un supuesto referéndum de autodeterminación en Andalucía que nunca existió y que se añade a otros patinazos impropios de un profesor universitario, cual esa su reciente alusión a la “Ética” de la razón pura, de Kant. Por lo que dejó ver, parece también que su dominio del inglés es manifiestamente mejorable.

¿”Debate decisivo”, como fue presentado por la cadena emisora para no faltar al sentido de la información espectáculo que la caracteriza? Manifiestamente no. Tal vez el del lunes, con Rajoy y Sánchez cara a cara, pueda ser más concluyente. En especial –creo- para el presidente del Gobierno. El candidato socialista tal vez lo tenga ya todo perdido.

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