Así cualquiera

El profesor Luis Garicano pasa por ser el gurú de Ciudadanos; esto es, el maestro, el guía espiritual del partido. Viene siendo considerado como uno de los hombres de confianza de Albert Rivera, con el que desde hace tiempo mantiene excelentes relaciones. Resulta habitual verlos sentados juntos en la fila primera de los actos de la formación naranja. De hecho, aquél fue uno de los teloneros en la presentación oficial de éste como candidato a la presidencia del Gobierno.

Dicen que sus opiniones son muy tenidas en cuenta. Salvo, lógicamente, cuando se equivoca, como sucedió con una primera propuesta de modelo de IRPF, que hubo que corregir cuando un diario especializado demostró que la fórmula perjudicaba de forma especial a contribuyentes con rentas modestas.

Pero como ha sido coordinador no sólo del programa económico, sino también del general para las elecciones del día 20, Luis Garicano anda estos días en todas las salsas. Esta misma semana y junto con el pedagogo y máximo responsable del Libro Blanco de la función docente que le ha encargado el PP, el profesor José Antonio Marina, compareció en un debate público sobre educación, en el que abogó por un pacto de Estado sobre la materia.

Uno y otro interlocutor se mostraron optimistas ante la posibilidad real de cambiar el panorama de la educación en nuestro país. Lo sorprendente, sin embargo, de la propuesta fue que el profesor Garicano se comprometió a tener listo el pacto en los cien primeros días de gobierno. Y eso que, a su juicio, el panorama no podía ser peor. Casi desolador.

No obstante, y dentro de ese espíritu mesiánico que rezuman casi todas las propuestas de Ciudadanos en cualquier ámbito, el gran pacto nacional por la educación podría dar sus frutos casi de inmediato porque, a su entender, en esta materia todos los problemas ya se conocen y todo está explicado.

Sorprendente. El problema es que todo ello sería posible siempre y cuando los partidos políticos lograran “aislar” tres grandes cuestiones: nada más y nada menos que: el debate entre escuela pública y concertada; el de Religión/Educación para la Ciudadanía, y el de la identidad regional/lenguas cooficiales.

¡Hombre; así, cualquiera! Eliminando de los eventuales acuerdos las grandes y legítimas desavenencias, digo yo que no hace falta ser gurú de nada ni de nadie; ni catedrático ni profesor de la acreditada London School of Economics. Así pacta cualquiera cualquier cosa por muy compleja que sea.

Pero, en fin, el mesianismo, como digo, les puede. Subidos como están en la cresta de la ola por parte del sistema mediático vigente, Ciudadanos se autoconsidera capaz de lo que sea. Como acostumbran a repetir, son los únicos que pueden lograr consensos para regenerar no ya la educación, sino hasta la democracia misma. No creo que lo logren –pienso- con los simplistas métodos del gurú Garicano.

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