Carta abierta a un general «pacifista»

Le he dirigido una respetuosa carta al Excelentísimo Sr. D. Julio Rodríguez, teniente General. Ejército del AIRE. D.E.M. (quiere decir de Estado Mayor) y ahora candidato de Podemos, y le digo:

“Vuecencia: Le escribo a usted con el respeto que me enseñaron cuando fui soldado y me inculcaron una serie de valores que me han servido de mucho en la vida. Quiero pensar que, como militar de carrera, tiene usted esas cualidades y asume ese compromiso de modo superlativo. Por algo ha alcanzado usted el máximo rango al que pueda aspirar un soldado, y yo no pasé de Sargento de Complemento.

Tenemos exactamente la misma edad y yo conocí a su padre, pues serví en el Regimiento de Infantería Zamora 8, en su Ourense natal. Pertenecemos, pues a la misma generación, y entiendo que habremos compartido las mismas o parecidas inquietudes y vivencias en nuestra adolescencia y juventud.

Ni que decir tiene que su rango, su carrera y su persona me merecen todo el respeto que se deben guardar los ciudadanos. Usted se ha alistado, y nunca mejor dicho, en una formación que durante estos últimos meses ha expuesto, a través de voces autorizadas, en sus programas, entrevistas, foros y otras manifestaciones sus objetivos, su visión de la realidad española y las políticas que, caso de alcanzar el poder llevarán a cabo”.

Y a partir de aquí le voy preguntando si está de acuerdo con que los presos de ETA salgan de la cárcel, porque la organización criminal ha dejado de matar. Si cree que se debe someter a una auditoría de toda la deuda pública y dejar de pagarla, en su caso la considerada injusta. Si asume que la revolución bolivariana es un ejemplo para Europa. Si está de acuerdo con una renta básica universal. De la que serán beneficiarios todos los españoles y extranjeros con residencia legal.

Si comparte que es preciso abrir las fronteras y regular mediante papeles a todos los extranjeros residentes en España y reformar la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) para reconocer el sufragio pasivo de «todos los residentes extranjeros estables» en España, que accederán al censo mediante el Padrón Municipal, «sin requisitos excepcionales» y abrirá también la puerta a la posibilidad de que los extranjeros concurran a las elecciones suprimiendo la prohibición que en la actualidad les impide crear partidos políticos. ¿Conoce usted algún país donde los extranjeros gozan de los mismos privilegios que los que las Constituciones respectivas otorgan a los nacionales o a los que siendo de otro origen han adquirido la ciudadanía?

También le pregunto si comparte que debe reconocerse a Cataluña la capacidad de establecer su relación territorial con  España; es decir, reconocer el “derecho a decidir”. En todo caso, le ruego que me indique cómo interpretar estos puntos del programa con el que usted se presenta: “Reconoceremos constitucionalmente la naturaleza plurinacional de España, como también aseguraremos el derecho de los Gobiernos autonómicos a celebrar consultas a la ciudadanía sobre el encaje territorial del país”.

Y por fin, si España debe replantearse su permanencia en un bloque militar. Si se debe despenalizar la ocupación de viviendas vacías.  Y añado:

“Usted se define como “un militar pacifista, que, como conoce la guerra, no la quiere. Nada que ver con el antimilitarismo”. ¿Es que conoce a usted a militares distintos de usted que sí quieran la guerra? Me deja atónito que usted diga que no tendría reparos en acudir a una manifestación contra la OTAN. ¿Tan poca estiman le merecen quienes fueron sus compañeros hasta hace poco?

Usted ha venido a decirnos que no existen soluciones sólo militares para determinados conflictos. Me llama la atención esta afirmación si la contraponemos a la reciente historia del mundo. Casi es una obviedad recordar que el mundo occidental en el que vivimos es mejor porque fue militar, estrictamente militar, la solución con que el mundo se liberó del nazismo, del fascismo y del militarismo japonés, por no ir más allá.

Sí estoy de acuerdo con usted en que la solución de determinados conflictos no es solamente militar, pero también es militar. Pero concuerdo en que hay que ir a los orígenes del terrorismo: cortar vías de financiación y logística. Pero si destruimos el foco, destruimos la rueda”.

Y del ridículo del “Alakrana” es mejor no hablar, ni de rescate que salió de los bolsillos de los contribuyentes. Por favor, un poco de decoro y no haga repita usted el ridículo de cuando nos contó como escaparon los piratas sin un rasguño.

He conocido a mandos de unidades desplegadas en territorio hostil cuando usted era jefe de los ejércitos y la Armada y lo que me cuenta de las instrucciones con que iban a la guerra avergüenza. No tuvimos más bajas de milagro. Ahora se comprende, usted ya era un pacifista.

¿Va a explicarle todo esto a los que pretendan que sean sus electores?

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