La lección de Francia y el vodevil catalán

Los episodios de Cataluña (declaración de independencia y suspensión del acuerdo del Parlamento autonómico por el Tribunal Constitucional y nuevo fracaso en el intento de Mas de revalidar la presidencia) me cogen en Perú, a 10.000 kilómetros. Aburrido de este tema, no me apetece escribir nada y me dedico a otear lo que dice el mundo. Pasé varias horas en el hotel, siguiendo el tratamiento de los noticiarios de Hispanoamérica y, luego, del resto del mundo.
Ni un solo analista es comprensivo con la decisión del Parlament. En cuanto a Mas, lo presentan como un hombre amortizado, sin futuro político, un fracaso total que ni siquiera tiene la dignidad de retirarse con decencia.

Tanto las cadenas norteamericanas como las británicas son durísimas. Algunos expertos dicen no reconocer a Cataluña en este disparate que saben condenado al fracaso. Los franceses califican de “ópera bufa” todo el cuadro, y los más benévolos de vodevil.

Y de repente, sobrevienen los estremecedores atentados. Y el asunto catalán, que es uno de los más graves problemas que tiene España en estos momentos, que sepultado por la barbarie de París. Pero nuestro problema sigue ahí.

¿Aprenderemos algo de todas estas desgracias y la nueva lección de lo que es una Nación en pie frente al imposible Estado de 17 autonomías?

Pensando en Cataluña uno asiste emocionado y con envidia al modo con que muestra su vigor, con que responde la ciudadanía de Francia. Una nación de todos, indiscutible, unidad, poderosa.

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