Guerra en la patronal

 

Conozco a muchos empresarios y los admiro a casi todos. Siento mucho respeto por esos hombres y mujeres que arriesgan su dinero y su patrimonio, entregan toda su creatividad y su tiempo para producir bienes o prestar servicios para satisfacer las necesidades de la gente.
También procede ser agradecidos con ellos, porque con su dinero y su trabajo crean empleos que mantienen a muchas familias y generan riqueza con efectos multiplicadores para toda la sociedad. Por eso, cuando sus empresas registran pérdidas como ocurre en tiempo de crisis, son muchos los empresarios que se derrumban con el ánimo desgarrado al no tener otra alternativa que despedir a trabajadores de la plantilla.

Dicho esto, ¿qué pensarán de su “patronal” estos emprendedores, que se cuentan por miles y están comprometidos con sus empresas y con la gente de esta tierral? La Confederación de Empresarios de Galicia nació para servir a la comunidad empresarial y tiene como actividad principal la representación y defensa de sus intereses “ante las instituciones, organismos públicos y agentes sociales”, pero ahora está sumida en una guerra interna en la que se libran batallas descarnadas por su control.

Ese fuego cruzado condiciona y paraliza su actividad. La primera consecuencia es el desgobierno: cuentas de dos años sin aprobar, sin plan operativo anual, dificultades económicas para mantener una estructura sobredimensionada… La segunda es la pérdida del predicamento que tenía, que ya no era mucho, como órgano representativo y aglutinador de los intereses de los empresarios y como institución importante en la interlocución social.
En esta coyuntura de crisis la Confederación de Empresarios debería ser un referente aportando ideas sobre la realidad económica de Galicia y buscando soluciones a los problemas y dificultades que tienen sus asociados. Pero malgasta su energía, su prestigio, toda su credibilidad y su presupuesto, incluidos los recursos públicos que aportamos todos, en una guerra de guerrillas por el poder, por un “quítate tú que me pongo yo”.

Ese es el botín por el que luchan la cúpula de la CEG y dirigentes de las organizaciones provinciales que están dando un espectáculo rastrero y bochornoso que deteriora la imagen de Galicia, indigna a la mayoría de los empresarios y avergüenza a muchos ciudadanos. A veces uno piensa que los políticos, a los que tanto criticamos, son unos aprendices al lado de estos intrigantes palaciegos.

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