La utopía de la leche

Si usted descuartiza el precio de un cartón o una botella de leche, que en el supermercado se ofrecen a un precio de venta al público inferior a un euro, llegará a la conclusión de que tiene tanto valor el cartón como el producto envasado.

Además valore los costes que la comercialización añade a un litro de leche puesto en el mercado. Recogida del producto al ganadero, transporte a la central lechera, tratamiento, envasado, envase por unidad, envase de cartones en grupos de seis, empaletado, transporte al almacén del mayorista o al distribuidor, transporte al supermercado o al minorista, retirada de productos caducados o deteriorados. ¿Cuánto valor añadido hemos sumado? ¿Y cuántos márgenes comerciales? ¿Qué nos dice esta cadena de sumas?

Nos dice que solo obtendrá beneficios aquel que venda muchas unidades de los diferentes sujetos que intervienen en la comercialización de la leche. Esto es, todos los agentes excepto el ganadero gallego, ya que su capacidad de producción es, por lo general, pequeña o mediana y durante mucho tiempo sometida a cuotas. En esa evidente rueda de economía de escala el ganadero está atado de pies y manos y condenado a sufrir costes de producción altos frente a demandas a la baja. Además, por la propia dimensión de su empresa, la capacidad competitiva en la compra de piensos y de otros elementos, que intervienen en el mantenimiento de la granja, es totalmente nula.

¿Dónde está la solución? ¿En la fijación de un precio base digno, como piden los productores? Esa puede ser una nueva salida coyuntural. Pero si como consecuencia el cartón de leche alcanza, por ejemplo, más de dos euros en los expositores del supermercado, las malditas leyes competitivas del mercado le darán la espalda a la producción autóctona.

¿Habrá que mantener los bajos precios subvencionando la producción? Del mismo modo que se incentiva la venta de coches o la rehabilitación de viviendas, una vez más, ese será el camino que tomen políticos, sindicatos y productores. Leche para hoy y conflicto para mañana.

Se van a cumplir tres décadas desde que los cerebros de AP aconsejaran a los ganaderos gallegos no declarar la producción lechera y convocaran la primera tractorada contra el gobierno de Felipe González y las negociaciones con Bruselas. Casi treinta años después el problema sigue enquistado, en punto muerto y deslizándose cuesta abajo.

Las tractoradas de estos meses vuelven a ser los estertores de la lenta y progresiva muerte de la cabaña gallega. Anuncian el cierre del rural productivo, donde los recortes han calado hace tiempo pero la reestructuración y planificación modernas siguen siendo utopías.

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