El desafío independentista

La situación del llamado ‘problema catalán’ vuelve a inquietar. No sólo en España, sino también en Europa. A fin de cuentas, la economía catalana es hoy en día más grande que la de Grecia y ya se ha visto la alarma causada, dentro y fuera de Europa, por una eventual salida de Grecia de la zona euro. Si algo puede deducirse de la crisis griega es que Cataluña en ningún caso estará fuera del euro.

Otro elemento importante es la candidatura unitaria de CDC y ERC, que puede favorecer las ambiciones del soberanismo catalán. La lista de Mas será, según todos los pronósticos, la candidatura ganadora el 27-S y la única duda está en si obtendrá o no la mayoría absoluta. Las fuerzas no independentistas irán cada una por su cuenta, lo cual lastrará lo que podríamos llamar su vector resultante.

La determinación de Artur Mas y Oriol Junqueras de declarar la independencia de manera unilateral en caso de victoria -se habla de «la desconexión» de «la legalidad española»- sigue planteando no pocas incógnitas. Es evidente que sería inconstitucional en España y que difícilmente obtendría reconocimiento internacional, pero el órdago no es menor. Para el Gobierno de España, semejante desafío es hoy por hoy toda una prioridad, del mismo modo que para el partido que lo sustenta. Es más, el PP corre el riesgo de salir del 27-S por detrás de Ciudadanos, la marca que amenaza su espacio en el centro-derecha español, lo cual tendría muchas lecturas. Pero Mariano Rajoy tal vez puede mejorar su posición si es capaz de explicar cómo va a impedir la independencia y con qué apoyos cuenta, más allá de echar mano de una Constitución que pide a gritos un cambio en profundidad, que exigirá consenso.

A día de hoy, las dudas comprenden incluso el nivel del resultado necesario para que CDC y ERC se animen a consumar su propósito. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, suele decir que la victoria de las fuerzas partidarias de la independencia en los comicios del próximo 27 de septiembre la determinará una mayoría absoluta de diputados, no necesariamente de votos. Con todo, reconoce que sería mucho mejor una mayoría absoluta de papeletas, como sucede en el caso de los referéndums, para que la Unión Europea recibiera más claramente el mensaje soberanista. Pero si algo está claro es que no es riguroso convertir un asunto así en un comentario más propio de una conversación de cafetería que de una regla política electoral de primer orden.

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