Chefa

Hay mujeres que parecen ser personajes de novela, mujeres a las que la vida las golpea, las pone a prueba, les hace sacar lo mejor de sí mismas y, al final, como para recompensarlas, las coloca en el camino del éxito.
Marta Marte es una de esas mujeres. Acaba de ganar el Premio Nacional de Gastronomía como chef de cocina del Club Allard, selecto restaurante de Madrid.

La Real Academia de Gastronomía tiene ya 40 años y en sólo 8 ocasiones se le ha otorgado el premio al Mejor Chef a una mujer. Parece mentira que, relegada durante siglos a los fogones, ahora que la cocina está de moda y goza de reconocimiento social, las chefas sean minoría. Hace gracia escuchar a algunos de estos cocineros de prestigio decir que lo que saben lo aprendieron de su abuela, pero, claro, las medallas son casi siempre para ellos. El premio a Marta es por tanto un reconocimiento a todas esas mujeres que están en los fogones, pero que también reclaman la gratitud pública.

Marta no sólo tiene el mérito de haber logrado el preciado premio como mujer, que ya es bastante. Tiene además otras dotes que la convierten en ese personaje novelístico. Marta es dominicana, una de las miles que llegó a España para mejorar su situación y la de sus hijos. Entró en el año 2003 en el Club Allard como lavaplatos, al tiempo que completaba su sueldo limpiando en una peluquería. Segura de su pasión -la gastronomía- el esfuerzo y el trabajo le fueron reconocidos y del fregadero pasó a la cocina como ayudante. De ahí en adelante la suerte le ha sonreído acumulando éxito trás éxito: dos estrellas Michelín y ahora el Premio Nacional.

Entretanto Marta ha tenido que pelear por la custodia de sus dos hijos para traerlos a España. A ello destinaba casi la totalidad de su salario de lavaplatos. Tres juicios para que sus mellizos compartan con ella su vida en España. Madre coraje, talento nato para la cocina y, sobretodo, un concepto del esfuerzo y espíritu de sacrificio hacen de esta joven dominicana de 39 años un ejemplo ya no sólo para muchas mujeres sino, simplemente, un modelo a seguir como persona.

Seguramente es un caso excepcional y por ello merece la pena contarlo. El recorrido de Marta demuestra que atravesamos por un momento social esperanzador. Es reconfortante constatar que no existen barreras insalvables, ni el hecho de ser mujer, ni el de ser inmigrante sudaca son, hoy por hoy, condicionantes irreversibles. Y este es sí que es un signo de progreso.

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