Ejercicios de amnesia

Por una de esas peculiaridades de este país donde la izquierda marca pautas de todo orden, desde las políticas a las informativas, el llamado caso Rato ha derivado en una gran controversia pública sobre la amnistía fiscal de hace tres años, ya de sobra debatida entonces y que, a modo de efecto colateral y retardado, ha traído consigo la revelación de conductas irregulares por parte del ex vicepresidente del Gobierno no sólo en materia tributaria, sino eventualmente también en otros ámbitos contemplados por el Código Penal.
Digo yo, pues, que, aun con sus perfiles negativos, la amnistía fiscal no debería ser tan denostada por la oposición cuando, al menos, les ha dejado cual pera en dulce la posibilidad de vapulear sin contemplaciones ni precauciones al Partido Popular y a uno de sus históricos personajes. Y en especial –añado- no debería ser tan denostada por el PSOE cuando Gobiernos socialistas la pusieron en marcha años atrás en tres ocasiones, con menos consecuencias para los infractores y con más opacidad que la de ahora.
El desfigurado e interesado debate está dejando muy en segundo término otras cuestiones no menos relevantes que también han salido a la luz estos días. Ambas se refieren a lo afirmado por el director de la Agencia Tributaria, Santiago Menéndez, en su comparecencia parlamentaria del martes pasado.
Por una parte, los dineros y bienes que casi 200.000 españoles tienen en el extranjero en una situación en principio legal, pero que de tres años a esta parte han tenido que comunicar a Hacienda. Contabilizan un total de 124.000 millones de euros. Esto es: nada más y nada menos que un 12 ciento del PIB nacional. ¿Y quien decía que no había dinero? “Habelo, hailo”, pero fuera.
Aunque sin efectos recaudatorios inmediatos, esta declaración supone un inagotable arsenal de información para la Hacienda española, quien cruzando datos con otras fuentes la está utilizando ya en el acoso al fraude fiscal. En realidad este fue el ovillo de cuyo hilo tiró la Agencia Tributaria para destapar el caso Rato.
Tampoco habrá que pasar por alto a esos 29.000 contribuyentes que se acogieron a la amnistía fiscal de 2012. Es decir, contribuyentes que se han autodeclarado defraudadores fiscales y que han aflorado 40.000 millones de euros. Habrán pagado poco inicialmente por la regularización efectuada. Pero a partir de ahora sus respectivas bases imponibles a declarar serán bien distintas.
Y digo yo que aquí habrá “de todo, todo”, como aseveró Menéndez. No sólo políticos y no sólo gentes del PP. No sé, por tanto, si conocida la lista, los dirigentes del Partido Socialista podrán seguir practicando ejercicios de amnesia. Porque, si los oyes, parecen angelitos caídos del cielo. Como producidos ayer por generación espontánea.

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