Poesía salvaje

En este pasado fin de semana pudimos acercarnos a los mercados de la Magdalena y Recemil en Ferrol y pedir una docena de versos cortados en filetes finos, o medio kilo de poemas envueltos en papel albal -para que no pierdan su esencia-, o un ramillete de figuras literarias aderezadas con rosas, madreselvas o rododendros, para conservar el buen olor de las metáforas. Incluso, aquellos que tienen buen oído, aseguran haber escuchado eufonías en perfecto alemán saltando como duendes por los puestos de verduras y pescados. No es fácil de creer, pero es cierto que la poesía, un año más, se ha vestido de salvaje para salir a la calle -o se ha desnudado- en esa ciudad de nuestro norte, tan castigada por la crisis y las mentiras políticas.

Un tropel de poetas nuestros, con otros llegados de León, de Madrid, de Málaga, de Badajoz… se fueron de poesía por los bares y tabernas -con el amor y la protesta prendidas en las sobadas solapas de ellos o en los hermosos pechos de ellas-. Fue fácil encontrarlos en el Cafetito de Gloria, en el bar Manchita Cosa, en O Recucho, en la Taberna O’Candil, en el Ateneo… e incluso fue fácil invocar a Fellini o a Toulouse-Lautrec para que los inmortalizara verso a verso, fotograma a fotograma, pincelada a pincelada, mientras en las calles, hijas del tiralíneas departamental, la lluvia iba y venía coqueteando con la noche sin epítetos ni alegorías.

Hace ocho años Marcos Lorenzo inventó este evento, que ahora sostienen el entusiasmo de Karlotti, Guillermo Ferrandez, Víctor M. Diez y una pléyade de poetas. Abandonados por la esquizofrenia de la cultura institucional, son capaces de transmutar un gin-tonic en un soneto con estrambote de avellanas, o una cerveza 0/0 en alcohol de inflamar el hipérbaton más hipérbaton. Nadie cortó ninguna cinta inaugural ni leyó discursos prosopopéyicos, no vimos políticos locales porque estaba la gente con sensibilidad, nocturnidad y alevosía poética. Un fenómeno cultural salvaje repleto de salud.

Pasaron la bandeja de los versos en pinchos y aperitivos Concha Lucas, Analía Ivars, Claudio Rodríguez Fer, Jorge Carbalho Branco, Paco Doblas, Luis Maquieira, Ramiro Vidal, Felipe Zapico… No tengo intención de olvidar a nadie pero tampoco es cosa de reproducir la lista poético/telefónica de la semana ferrolana. Sí quiero decir que cuando la palabra está viva, cuando el pensamiento es claro y las intenciones de hierro, la cultura resiste, crece y llega al pueblo aunque no la rieguen las subvenciones. Dijo Gabriel Celaya que «la poesía es un arma cargada de futuro». Por favor, disparen.

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