Programa, programa

Confieso que la larga entrevista tertulia que La 1 de TVE  mantuvo en la noche del lunes pasado con el candidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, me produjo sentimientos encontrados. Bien se sabe que este veterano profesor de Metafísica no es un político al uso y que no pocas veces navega contra corriente. En contenidos y en formas. Al menos no se muestra tan dogmático como otros, lo cual es de agradecer.

Gobernar es acordar; hay que seguir trabajando por los consensos. Este fue uno de sus más repetidos mensajes. Estupendo. Pero cuando se le preguntó si estaba dispuesto a trasladar esa su voluntad de diálogo a eventuales pactos con el Partido Popular, ahí el discurso giró de rumbo. “Venimos a cambiar –contestó– las políticas llevadas a cabo por el PP en Madrid en el ámbito de la educación, la sanidad y los servicios sociales con las que disentimos. Habrá que ver si sobre contenidos estamos cerca o lejos. Pero si ellos se ratifican en las mismas, veo difícil los acuerdos”.

El profesor Gabilondo daba el paso así al candidato Gabilondo. Bonitas teorías, pero conciencia un tanto dogmática de estar en posesión de lo correcto a la hora de encarar una eventual negociación. Y desde esa cierta rigidez de partida, los acuerdos son, en efecto, harto complicados. Con el PP y con cualquiera.

El momento me recordó aquel “Programa, programa, programa” con que el exsecretario general del PCE y excoordinador de Izquierda Unida, Julio Anguita, allá por los finales años noventa, respondía a cuantos le urgían un acercamiento al Partido Socialista. Esto es: acuerdos en base a convergencias programáticas concretas. Y he de reconocer que participo de la idea. Por eso hablo de sentimientos encontrados en la tertulia entrevista con el profesor y candidato Gabilondo.

Gobernar es, sí, acordar. Pero –creo– que no a costa de renunciar a los legítimos principios definidores de una formación política. El consenso por sistema puede estar justificado en muy determinados críticos para un país. Pero en la normalidad democrática ha de funcionar el juego  mayorías y minorías salido de las urnas. Y en todo caso, el eventual acuerdo ha de establecerse en base a un programa conjunto detallado y trabajado.

Recuérdese lo sucedido en Alemania tras las elecciones de septiembre de 2013: tres meses de negociación para alumbrar un acuerdo de coalición plasmado en 185 páginas. Por tanto, ante las perspectivas que aquí se presentan, con tres o cuatro fuerzas políticas en un pañuelo, no sé si éstas no deberían estar ya preparando –y dando a conocer– por dónde habrán de ir en los más que probables acuerdos postelectorales sus grandes, legítimas y razonables líneas rojas.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar