Grecia vuelve a marcar la agenda de la UE

Grecia representa apenas el 2% de la economía de la zona euro pero si no cumple sus compromisos y se va del euro, alguna sacudida habrá. El riesgo no está tanto en la propia Grecia, sino en países como España, que si se tambalean ya tienen dimensión suficiente como para extender los daños. En buena lógica, en un escenario de cierto crecimiento, tanto global como en la propia UE, no debería pasar nada grave, pero el dinero siempre huye de los problemas. Ya lo está haciendo, de hecho, estos días de pequeñas turbulencias, para algunos observadores un anticipo de lo que puede venir. Por eso vuelve a refugiarse en los bonos de Alemania, que siempre gana, aunque Europa pierda.

La realidad es que la Unión Europea no descarta lo peor en Grecia, un escenario mil veces estudiado desde el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Se supone que la delicada situación griega estaría bajo control en el peor de los casos y que sería manejable, pase lo que pase.

Un dato para situarnos mejor: lo que está en juego en las negociaciones de Grecia con la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo es menos de lo que metió en el saneamiento de Novagalicia Banco. Grecia debe aceptar una serie de ajustes para obtener 7.200 millones de euros, correspondientes al segundo rescate.

Se ha llegado al extremo de igualar la permanencia de Grecia en el euro a su salida, pero solo el tiempo permitirá verificarlo. De entrada, los acreedores de Grecia, entre ellos España, están algo nerviosos, temiendo que no pague todo lo que debe y en los plazos previstos. El Gobierno de Atenas no lo tiene fácil y su capacidad de hacer temblar a Alemania es escasa.

Los recortes de la Bolsa española, tras un primer trimestre de cine, podrían no ser de gravedad, sino simplemente coherentes con la nueva situación de incertidumbre. En unos casos porque hay inversores que están haciendo caja y en otros porque empieza a descontarse la inestabilidad griega. Si Grecia cayese, España tendría en el aire más de 20.000 millones de euros. En términos coloquiales, otra Bankia.

El contexto general de la economía mundial, mucho más importante para los europeos, es menos inquietante que el de Grecia. El planeta crece, EE UU sigue fuerte y Europa es cada vez menos el centro del mundo, desplazada no solo por EE UU, sino también por la presión emergente que ejercen China e India, pero si su locomotora –Alemania- exporta en dólares a la grandes áreas en crecimiento, malo será que no importe de países como España.

Los europeos no son el centro del mundo, pero tampoco los rezagados, papel que corresponde a los países pobres y que podría volver a asumir América Latina, contagiada por el parón de Brasil. Solo México parece completamente a salvo, dados sus vínculos con EE UU.

Más allá de la economía real, la productiva, los problemas no han desaparecido del todo en la economía financiera, que fue la causante de la crisis global, como ha recordado esta semana Olivier Blanchard, el economista jefe del FMI. Pero ha habido avances. Al menos en Europa se nota la nueva política de compra de activos del Banco Central Europeo, que terminará por ayudar a España, salvo que se tambalee con la crisis de Grecia. Dicho en otras palabras: dada la situación de la economía mundial, es más fácil que haya problemas financieros que tensiones de crecimiento de la economía.

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