Justicia blanda para un criminal peligroso

La excarcelación, aunque sea parcial, del histórico narcotraficante José Ramón Prado Bugallo, “Sito Miñanco”, vuelve a poner de manifiesto las grietas de nuestros sistema judicial y carcelario por el que se cuelan peligrosos criminales, en edad todavía temprana para disfrutar sin duda de la fortuna que su infame actividad les deparó y que, seguro guardan a buen recaudo. En febrero del pasado año, la Audiencia Nacional denegó la medida de gracia que ahora otorga, porque entonces no advirtió arrepentimiento ni repudio a su vil actividad en este sujeto. ¿Qué milagro se ha obrado en este tiempo?

Yo no me creo ni en el arrepentimiento ni en ninguna de las circunstancias que van a permitir que este célebre sujeto se restituya, que no reintegre, a la sociedad a la que tanto daño, con tanto provecho para él, ha hecho.
Soy un veterano observador del fenómeno del contrabando industrial y su reconversión en narcotráfico industrial.

El 3 de diciembre de 1983, en el programa “La Clave” de TVE, que dirigía Balbín, predije lo que se iba a producir. Por cierto que de los contertulios de aquel programa, el abogado de narcos y contrabandistas y secretario de la Cámara de Comercio de Vilagarcia, Pablo Vioque, acabó siendo él mismo un capo, y otro de los presentes, que se decía contrabandista arrepentido, fue abatido en un ajuste de cuentas con los de su calaña.

El gran sumario contra el contrabando industrial quedó en nada porque ni los abogados del Estado ni los fiscales quisieron trabajar. Cuando España entró en la Unión Europea aquel proceso quedó en agua de borrajas, pues el tráfico ilícito de tabaco, desde las bases contrabandistas de Holanda dejó de ser un delito para devenir, todo más, en falta administrativa. Y nadie reclamó lo esencial: la usurpación por parte de los delincuentes industriales del impuesto de lujo que detraían al Estado por la renta del tabaco y el tráfico ilícito de capitales.

Impunes y seguros, todas las bandas se pasaron al narcotráfico, porque con los mismos medios, con la infraestructura de que disponían, el rendimiento era fabuloso. Sito Miñanco construyó su leyenda y de piloto de planeadoras pasó a capo de capos. En Cambados llegó a ser un personaje, homenajeado por el alcalde y por el equipo local, por lo que incluso llegó a hacer el saque de honor en algunos partidos, como denotan los documentos gráficos de la época.

Miñanco desarrolló una estructura criminal con todos los elementos de película: barraganas, socios y guardaespaldas colombianas y una red de confidente y corruptos diversos, nunca eficazmente perseguidos, entre las propias fuerzas y organismos del Estado que debieran perseguirlos. Tan perfeccionada estaba la viaja red, que hasta disponían de una red de informadores entre los camareros del aeropuerto de Peinador, que pasaban aviso de la presencia y movimiento de los helicópteros de la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera.
No es una buena noticia para nadie, pero menos para las numerosas familias de lo que se llamó “la generación perdida”, las decenas de jóvenes de la comarca de Arousa y de Galicia y España, que cayeron en la droga que tan fácilmente distribuían Miñanco y sis secuaces.

Uno, que conoció de cerca este fenómeno no puede entender –y menos con el argumento de que los hechos criminales que llevaron a Miñanco a la cárcel están lejanos-, que la Audiencia Nacional permita que este sujeto vaya dando los pasos previos para dejar el lugar donde, a mi entender, debería parar para siempre.

No podrá volver a Galicia, para no ofender a las familias de sus víctimas. Ya veremos. Por lo pronto, saldrá todos los días de prisión para “trabajar”. El juez central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, con el visto bueno de la Fiscalía, le ha aplicado el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario por lo que podrá salir todos los días de la cárcel (menos los fines de semana) para desempeñar un trabajo. Además, en el mismo auto se especifica que este es el «paso previo» a concederle el tercer grado, algo que previsiblemente sucederá los próximos meses y que le permitiría acudir a presidio sólo para dormir.

Y luego, como en 2001, la libertad condicional. O sea, que como en la cárcel ha sido un buen chico, no miramos la experiencia del pasado. Olvidamos que cuando a Miñanco le permitieron este beneficio penitenciario lo aprovechó para montar un desembarco de casi diez toneladas de cocaína, operación abortada al ser interceptados cerca de la Guayana francesa de dos buques de transporte, gracias a una costosa operación en la que llegó a intervenir la DEA estadounidense y la Policía Montada del Canadá con los GEOs españoles. La operación se llamó “Grumete”.
Cuando fue detenido en su chalé blindado de Villaviciosa de Odón, lo acompañaban sus sicarios colombianos, parte esencial de una malla integrada por indeseables de varias nacionalidades. Bugallo había ascendido mucho en el ránking criminal.

La fortuna a buen recaudo

El reincidente Bugallo tiene a buen recaudo, como sabe la Policía española, la parte magra de su infame fortuna, bien disfrazada a través de testaferros o a través de paraísos fiscales. Nadie duda de que fue previsor. Ahora se lo ponen fácil, a aparentar un trabajo un tiempo y luego, en la medida que las cosas se relajen, a vivir, porque con 59 años le queda mucho por delante.

Sin duda lo asesoran bueno abogados y ha de presentarse como un hombre nuevo y arrepentido de su pasado para solicitar la libertad condicional y para ello presentó una oferta laboral fuera de Galicia. ¡Excelente estrategia! Ya veremos si aparece con mono de obrero en alguno de los coches de lujo a los que es aficionado, con un par de fulanas colombianas tan de su agrado.

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