Andalucía es España

Cuando Mariano Rajoy decidió apoyar a Andonis Samarás, para simbólicamente frenar a Podemos, se equivocó en el cálculo. Luego ha seguido diciendo que España no es Grecia ni el PP Nueva Democracia para desvincularse de la derrota. Tampoco Podemos parece que sea Syriza, aunque Pablo Iglesias lo sueñe y utilice su victoria para comprar votos descontentos. En las elecciones autonómicas andaluzas ambos partidos han vuelto a jugar la misma baza, pero ahora desde su realidad y no desde el simbolismo.

El PSOE se mantiene en Andalucía, el PP se descalabra y las nuevas fuerzas emergentes se asoman sin resultados espectaculares a los escaños del parlamento andaluz. Este panorama no representa un cambio de ciclo ni el final de ese hipotético bipartidismo, que han convertido interesadamente en el satán de los tiempos de crisis.

La estrepitosa derrota del PP coloca a Mariano Rajoy en una situación de punto final fuera y dentro de su partido, argumente lo que argumente para quedar bien ante un electorado que le da la espalda. Su apuesta por el candidato ha sido un nuevo gran error de cálculo.

Al otro lado, la representación parlamentaria andaluza de Podemos no permite presagiar la gloria publicada por las encuestas. Es cierto que se coloca como tercera fuerza en un espacio donde los nacionalismos no juegan y otros partidos jamás han tenido representación. Sin embargo el mensaje de los andaluces, donde la izquierda es hegemónica, y que ha sido premonitorio históricamente, les anuncia -a Mariano y a Pablo- que Andalucía sí es España.

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