Madrid, kilómetro crítico

Parece que queda lejos y que el kilómetro cero de España ya no es el epicentro de las convulsiones políticas del resto del Estado. En la historia de las dos últimas centurias, cuanto sucedía en la capital del reino era la realidad política, el resto no pasaban de ser pequeños acontecimientos de provincias. Fue la implantación de la España de las autonomías el fenómeno que nos hizo visibles y protagonistas a los ciudadanos de las periferias. No obstante, en el Madrid de estas elecciones da la sensación de que aún no se hayan enterado del avance histórico y su eje central sea la palanca del mundo. Los políticos madrileños siguen mirándose al ombligo del mismo modo que en tiempos de don Antonio Maura.
Me sorprende la dimensión pública tomada por las candidaturas a la alcaldía madrileña y a la comunidad. Las pantallas de todos los informativos, los diales de todos los boletines, las primeras de todos los periódicos están empeñados en vendernos las luchas sin cuartel desatadas en todos los partidos con sede en la capital. En Madrid se han quebrado todas las reglas sin el menor pudor. Desde la derecha a la izquierda, pasando por las nuevas formaciones, las formas y los modos han sucumbido ante los codazos y los dedos de los designios marcados por la demoscopia.
Si en realidad Madrid es realmente el kilómetro crítico de la actualidad, el profundo cambio prometido por la crisis, el final de la corrupción, la muerte del bipartidismo y la refundación de la democracia, son un nuevo camelo. Nada ha cambiado y todo seguirá igual gobierne quien gobierne: dos, cuatro o seis partidos.
Las maniobras de los socialistas para colocar en cabeza de salida a Gabilondo, o las de IU para hacer lo mismo con García Montero, han sonado bien y parecen acertadas pero tienen música de despotismo ilustrado. Los movimientos en los partidos emergentes, con las incorporaciones de personajes con “pedigrí” de partidos y trayectorias probadas avisan a los ilusos de que la tierra prometida aún puede estar mucho más lejos de lo soñado. Y finalmente, el espectáculo del PP, sin salirse un ápice de su reglamento habitual, confirma que ni las municipales ni las autonómicas puedan ser el primer paso hacia una nueva gestión de la vida pública.
Quizás Madrid ya no sea el espejo bruñido donde mirarse y simplemente los partidos la hayan tomado como una referencia estratégica para el día después. Esto es, procurarse la piel del oso aunque la carne se venda en otro lugar. Otro error u otra ceguera. O las dos cosas al mismo tiempo. La sociedad está cansada de este espectáculo, quiere y necesita soluciones. Quiere y necesita programas ideológicos. De momento no hemos escuchado ni uno solo.

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