Los cánticos de la vergüenza

Parece que ahora el problema es saber quién debe pagar por los cánticos machistas de apoyo al futbolista del Betis, Rubén Castro, acusado de maltratar a su ex novia. Se quejan los miembros de la grada de que «sólo» fueron 200 ultras los que durante al menos dos partidos entonaran sus canciones justificando la violencia. Si el tema es la cantidad, a mi me parece que 200 es una barbaridad. Imagínese usted: 200 machotes que consideran totalmente normal zurrarle a su mujer, novia o amante. Son doscientos potenciales maltratadores. Es más, lo más probable es que alguno de estos valientes ya lo sea. Doscientos sólo en un club de futbol, de una ciudad, de una comunidad autónoma. Si hacemos una extrapolación estadística seguramente que el resultado nos pondría los pelos de punta.

Los mensajes explícitos de los ultras del Betis son como sacados de un bolero pasional: «no es culpa tuya», «es una puta» son el estribillo de una melodía inaceptable… Si a esto le agregamos los datos del informe del Reina Sofía que muestra a una mayoría de jóvenes que explican la violencia hacia la mujer, deberíamos empezar a considerar que tenemos un problema muy grave con nuestra juventud.

No se trata de un asunto meramente numérico. Si me apuran, ni siquiera se trata de una cuestión de tiempo. Los hechos se remontan ya al primer fin de semana de febrero; o sea, hace prácticamente un mes. Y aún no ha habido sanción. Nos enredamos en la polémica de si deben ser los clubes, los ultras (todos o sólo los que cantaron) los que reciban la sanción… Y en esas pasa el día y pasa la romería. ¿Por qué será que en el futbol siempre tenemos la impresión de que las cosas se juzgan con otras varas de medir? ¿Dónde está el tan manido concepto de tolerancia cero?

Lo que esperamos todos, los que efectivamente consideramos que debe primar la tolerancia cero, es que no puede haber ni un ápice de duda en la condena. Y, además, que tampoco puede haber dilaciones. El repudio ético y moral debe ser inmediato y contundente porque de lo contrario no cumple con el objetivo de ser ejemplar. Otra cosa es el tiempo de la justicia que -ya lo sabemos- avanza a otras velocidades.

Es una lástima que desde los clubes, los aficionados o los propios responsables de las máximas instancias del futbol haya dudas en algo tan evidente. No hay justificación posible a esos cánticos. Más allá de lo que dictamine el juez sobre el presunto maltrato a la ex novia del jugador, no se puede dejar pasar que se justifique la violencia de género. No condenarlo de inmediato y con contundencia es amparar y justificar. En definitiva, es ser cómplices de la vergüenza.

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