Todo irá encajando

España lleva ya varios años azotada por una grave crisis económica que con el tiempo fue derivando en una crisis política y social. Es lógico que si hay varios millones de personas en paro, con salarios recortados e incluso desahuciados busquen a alguien a quien arrimarse; léase Podemos. Del mismo modo que si todavía hay varios millones de personas que disfrutan de propiedades, negocios o buenos empleos, porque son altos ejecutivos o profesionales, también es lógico que mantengan encendida la llama de un partido conservador como el PP. Y, por difícil que parezca, sigue teniendo su lógica que millones de personas de las clases medias y trabajadoras, reacias a la derecha y reticentes ante el radicalismo, prefieran seguir asociadas al PSOE de Pedro Sánchez. Hay más siglas donde elegir, del mismo modo que también más prototipos de españoles, pero a grandes rasgos esos tres bloques son los que más laten en el corazón y en la cabeza de la gente. Incluso sería más apropiado decir que en realidad laten en su bolsillo.
De cómo se decanten los votos entre esas tres grandes opciones va a depender el color del Gobierno entre 2016 y 2019, período en el que se supone que España saldrá de la crisis y encajará el futuro de los catalanes, otra incógnita importante, dado el peso demográfico, económico y cultural de Cataluña. A estas alturas, ni siquiera quienes hacen encuestas se atreven a pronosticar con un mínimo de rigor quién o quiénes van a gobernar tras las elecciones generales. Lo que parece más seguro, al menos a día de hoy, es que no habrá mayoría absoluta de Rajoy y que eso exigirá acuerdos entre al menos dos de los tres grandes partidos, nómina a la que se ha incorporado Podemos, con Pablo Iglesias al frente.
Antes de llegar tan lejos habrá municipales y autonómicas en mayo y después catalanas, a finales de septiembre. Las municipales anticiparon muchas veces el resultado de las generales, pero ahora el factor Podemos, que se presenta a medias a esas elecciones, puede distorsionar mucho lo que antes parecía de cajón. Tampoco es menor la incertidumbre en Cataluña, donde todo parece indicar que el partido de Artur Mas va a refundarse en una especie de partido demócrata, capaz de disputarle la centralidad política a ERC, con Podemos y el PSC al acecho. uando todo pase y todo encaje, nos parecerá todo muy fácil, pero a día de hoy cualquiera se atreve a hacer apuestas. Menos mal que España puede con todo eso y más. ¿O no?

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