El Gobierno español y el Islam

Anjem Choudary, el principal rostro del islamismo radical en Reino Unido, en unas recientes declaraciones al diario “El Mundo” afirmó sin inmutarse: “Al Andalus es una tierra musulmana como también lo es la Palestina ocupada por los judíos o toda la India. Todos esos lugares serán recuperados algún día. Mi opinión personal es que no se necesitará un lapso muy largo de tiempo. Tariq ibn Ziyad [el general que lideró la conquista musulmana de Hispania] se hizo con España en ocho años. Se sorprendería si supiera como de rápido serán anexionadas esas tierras”.
Estas amenazas de clérigos radicales no son simples bravatas. ¡Cuán lejos se dibujan aquellos días en que, según la retórica del Régimen de Franco, siempre se destacaba “la tradicional amistad con los pueblos árabes”! Y en todo caso, los jefes de Estado o mandatarios de ese mundo eran los pocos que se dejaban caer por aquí.
El Reino de España no se había planteado, al contrario en Francia, Holanda, Italia o Suiza, un debate más profundo, sobre el modo de conciliar el respeto a la cultura musulmana con el acomodo a las reglas de la cultura occidental. ¿Y qué ocurrirá –como ocurre ya en el Reino Unido- con la venidera generación de españoles de origen magrebí, pero nacidos aquí? ¿Declararán que se sienten más leales al país o a la comunidad islámica? En el ámbito de lo cotidiano, una gran parte de los incidentes –cada vez más frecuentes- que perturban la convivencia entre la comunidad musulmana que vive en España y el entorno donde se halla instalada, sobre todo en Cataluña y el Levante, se deben a la resistencia de aquélla a aceptar someterse a las normas más comunes que ordenan la sociedad civil en los aspectos más ordinarios. Pero lo peor no es que traten de imponer no ya sus códigos morales o religiosos, sino prácticas que en el ordenamiento del mundo occidental son comportamientos no admitidos por las reglas que enmarcan la vida en sociedad (o incluso delitos), desde la higiene a los límites a la potestad de los padres, los derechos de la mujer o las libertades personales.
Giovanni Sartori dice al respecto: «Entre los estudiosos siempre es obligado distinguir entre un Islam abierto y razonable y el Islam cerrado por el rechazo. Pero la realidad es que es el Islam puro y duro, el Islam fundamentalista, el que se ha reanimado y reavivado entre las masas. El argumento fundamentalista es que la decadencia y la humillación de los pueblos musulmanes vienen del abandono del Islam auténtico. Los musulmanes han sido la mejor nación del mundo, mientras que han observado fielmente la shari’a, el camino señalado por Alá; y han perdido supremacía porque se han alejado de ella. Y por lo tanto hay que purificar al Islam de cualquier influencia y corrupción occidental.
De hecho el Islam auténtico lo encarnan los grupos militantes que persiguen con la acción (violenta cuando es preciso) tres objetivos: Purificar el mundo musulmán. Conquistar para la fe los países medio musulmanes. Volver al asalto de Occidente reabriendo la «guerra santa». Las advertencias de este prestigioso estudioso parecen irse cumpliendo con los resultados conocidos. Y destaca que mientras otras religiones confían su expansión al proselitismo misionero, El Islam nace como una «fe universal», armada y guerrera: “En la visión islámica el mundo se divide entre tierra de Islam y, precisamente, tierra de guerra santa que el creyente debe conquistar para la fe. Un primer tema es, pues, que el renacimiento del islamismo auténtico lleva consigo un deber de conquista, de conquista de los infieles. El occidental laicizado no toma estas cosas en serio, y mucho menos las comprende. Pero se equivoca”, sentencia Sartori.
En España vive oficialmente en torno al millón y medio de musulmanes, de forma legal. En cuanto al número de irregulares, sencillamente no se sabe. En Francia hay cuatro millones de musulmanes, 3,4 en Alemania y 1,6 en el Reino Unido. En total, 20 millones de residentes europeos son musulmanes. El informe «Musulmanes en Europa» del Open Society Institute -una fundación privada financiada por el multimillonario George Soros- concluye que el número de musulmanes se duplicará en Europa antes de quince años.
Las frecuentes alusiones de Al Qeda a la «Reconquista de Al Andalus», es decir,
España, son un anhelo compartido por otros musulmanes menos radicales, pero que asumen como un deber propio contribuir a la recuperación de aquellos territorios donde un día se entronizó el Islam.

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