Política, economía y religión

La red Al Qaeda, que se revela como una mayor amenaza en Occidente que el califato islámico del ISIS, retomó el protagonismo del llamado terrorismo global. Un comunicado de su filial en Yemen ya reivindicó el atentado del miércoles contra la revista satírica Charlie Hebdo. A su vez, los terroristas confesaron sus conexiones con el grupo radical yihadista. Para que nada faltase, el ISIS llamó «héroes» a los tres terroristas que actuaron en París. Y, por si fuese poco, la red terrorista Al Qaeda vuelve a amenazar a Francia -es decir, a la Unión Europa- con más ataques. España ni fue ni es ajena a esta grave situación.

¿Hay salida? Como sucede ante cualquier asunto complejo, frente al terrorismo no caben atajos, ni soluciones mágicas. Tampoco las trincheras ni el populismo se revelan útiles en este tipo de situaciones. No solo por un criterio democrático, sino por mera inteligencia política. Áreas democráticas como Estados Unidos o Europa tienen, por fortuna, Estados de derecho capaces de hacer frente y de derrotar al terrorismo. En la historia pueden encontrarse distintos ejemplos en varios países, entre ellos España.

En su análisis de las derivadas políticas del brutal atentado en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, José Ignacio Torreblanca, profesor titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), tiene razón: «Es política, no religión. No caigamos en el error de construir trincheras y odios cuando necesitamos puentes». El también doctor miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones advierte de que un hipotético enfrentamiento de civilizaciones entre Occidente y el Islam chocaría con la evidencia de que por cada occidental asesinado a manos de los terroristas yihadistas vienen muriendo miles de musulmanes. Todo ello sucede cuando, por intereses partidarios, algunos agitan el odio a los diferentes, sin darse cuenta de que a menudo -en este caso los musulmanes- también son víctimas de esos terroristas.

La solución compleja a un problema también complejo no será solo policial: terminará siendo política, una vez encauzadas ciertas claves económicas, generalmente decisivas en conflictos como los de Siria, Irak o Ucrania. La religión puede ser una buena bandera de enganche para el terrorismo yihadista pero no es el único factor a tener en cuenta en la gestión del grave problema que tiene ahora mismo planteado Occidente. En el fondo, puede tener mucha más relevancia la estrategia energética y, sobre todo, los intereses de Estados Unidos y Europa, por un lado, y de Rusia e Irán, por otro, sin que a todo ello sean precisamente ajenos otros países como Arabia Saudita, China, Iraq, Israel o Turquía.

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