Cuba en el corazón

Obama y Raúl Castro acaban de derribar la penúltima piedra del Muro de Berlín. La reconciliación entre los gobiernos de EE.UU. y de Cuba ha abierto sus puertas después de más de cinco décadas de cerrazón y sufrimientos inútiles. Admira escuchar al presidente norteamericano decir que el largo embargo ha sido inútil frente a la numantina posición de los cubanos. Incluso duele contemplar el semblante de la mayoría de los dirigentes felicitándose por el paso dado gracias a la mediación del Papa Francisco, como si de un milagro se tratara.

Duele porque con este borrón y cuenta nueva se arrojan al pozo del olvido miles de injusticias, vidas perdidas, oportunidades irrecuperables, exilios sin retorno, voluntades doblegadas… en uno y otro lado del frente de esta larga guerra fría. Sí, antes de ayer cayó la penúltima piedra del muro y a ambos lados no hay ganadores, solo contemplamos a dos contenientes derrotados. Y la vida sigue con la misma impasible cadencia, los mismos atropellos y desmemoria.

Aquellos que alguna vez imaginamos la victoria del David caribeño frente al Goliat del norte hace tiempo que llevamos en las alforjas la semilla de la desilusión bien arraigada. Esos otros que pelearon por doblegar al pequeño enemigo con la bota del grande, sin haber cejado en su empeño, tendrán que conformarse con una transición democrática ordenada bajo el puño del régimen castrista. Y cuando sepamos toda la verdad de este punto de giro en el guion de la película, probablemente descubramos que, además del Papa, en la operación han jugado mucho y fuerte las relaciones comerciales de EE.UU. con China, los lobbys energéticos y otras fuerzas ocultas.

Los españoles y especialmente los gallegos llevamos a Cuba en el corazón. Por razones culturales, sentimentales, de familia y hasta económicas, hemos esperado la apertura de las puertas con impaciencia. Sin embargo, como consecuencia de la desastrosa e inoportuna gestión de los gobiernos de Aznar, seguida en menor medida por Rajoy, nuestro país no ha estado ni estará convidado a la mesa de ese futuro anunciado. A sus cuatro lados se sentarán, con Cuba y EE.UU., Canadá y China. Por ende la Unión Europea tendrá que darse prisa en borrar del listado de sus intereses la vigente doctrina Aznar contra la isla, si quiere restablecer las condiciones que históricamente le corresponden. De esta herencia, algo corregida por Juan Carlos I, el gobierno de Zapatero y hasta por Fraga, no nos hablará el ministro García-Margallo para justificar la falta de tino de su partido.

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