¿Sale o no sale España de la crisis?

El maquillaje del paro basado en la emigración y, por consiguiente, en la reducción de la población activa, es eso: maquillaje. Para que España pueda salir realmente de la crisis, debe producir más y mejor

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dice que la crisis es “en muchos aspectos, historia del pasado”, asegura que España está en la vanguardia de la reactivación europea y concluye que la recuperación económica y social ya se vive en los mostradores de los pequeños negocios, en los pedidos de los proveedores, en las barras de las cafeterías, en las mesas de los restaurantes, en las nóminas de muchos españoles y en el interior de sus hogares.

Su punto de apoyo es dar por hecho que España ha dejado atrás la recesión, es decir, la tendencia negativa del PIB, en su intento de consolidar un cierto crecimiento, capaz de no reducir más el empleo –maquillado por la salida de emigrantes- y de asegurar los pagos de la deuda pública, aunque sea a base de severos recortes sociales. La prima de riesgo actual permite pagar los intereses y, mientras tanto, España va tirando. No así millones de españoles, que sufren la pobreza y soportan un fuerte aumento de la desigualdad.

Hasta aquí la posición del Gobierno, secundada también por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, aunque en su caso con más matices, sin tanta brocha gorda como los dos primeros.

Parece evidente que el Gobierno intenta crear un estado de opinión diferente en el país y, en el peor de los casos, un debate al respecto, centrado en su mensaje en positivo. El año 2015 será electoral y eso puede explicar su entusiasmo, sorprendente, eso sí, no solo para la Oposición, sino también para los sindicatos y muchos observadores independientes. Pero, sobre todo, para millones de españoles que sufren el paro –ya se sabe que España no recuperará la tasa de empleo anterior a la crisis hasta bien entrada la siguiente década-, la devaluación salarial, la desigualdad, la pobreza y, en ciertos casos, también los desahucios.

Es probable que, si no surgen complicaciones, España sea capaz de dejar atrás la recesión, gracias a un proceso de devaluación interna realmente impresionante. Incluso no puede descartarse que este abaratamiento del país permita crear empleo precario. Lo que no es menos cierto es que este modelo económico no es el apropiado para un país desarrollado de Europa occidental.

La economía a pie de calle –eso que los economistas llaman la demanda interna- no se recuperará con grandes declaraciones políticas ni con estrategias electoralistas, sino con mayores rentas salariales capaces de levantar el consumo. Y para eso parece ineludible hablar –a fondo- del modelo productivo del país y de una mayor eficiencia, que no recorte, en el sector público.

El maquillaje del empleo basado en la emigración y, por consiguiente, en la reducción de la población activa, es eso: mero maquillaje. Para que España pueda salir realmente de la crisis, debe producir más y mejor, y dotarse de un sector público adecuado. Los recortes a granel, sin distinguir entre áreas eficientes e ineficientes de la Administración, ya se ve que no sirven, salvo para seguir aumentando el déficit público y, en última instancia, el endeudamiento. Solo así parece posible confiar en una política expansiva de la economía, siempre que a estos deberes internos se añadan, además, aquellos que ya corresponden a las instancias europeas, ante las que el Gobierno de España, lejos de practicar la reivindicación, suele inclinar la cabeza.

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