La secta de Oia mantiene bajo su influencia a menores de edad

 

 

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Un grupo de familiares de miembros de la llamada Orden y Mandato de San Miguel Arcángel (organización que fue intervenida por el Obispado de Tui-Vigo tras hacerse públicas acusaciones a su fundador, Feliciano Miguel Rosendo, por supuestos abusos sexuales, delitos fiscales y otras irregularidades) han denunciado este miércoles que esta secta mantiene bajo su influencia a sus hijos y nietos menores de edad, y han alertado de que continúan con su labor de captación de adeptos, ahora en Madrid.

En una rueda de prensa, portavoces de ocho familias han alertado de que, tras la intervención de la asociación, que operaba desde Santa María de Oia (Pontevedra), y la expulsión de su fundador, por parte de las autoridades eclesiásticas, el núcleo duro de esta organización se ha trasladado a Madrid, y tiene presencia en Collado Villalba y El Escorial.

Entre esas personas, de 30 a 40, están sus hijos y nietos, que han sido «aislados» de sus familias, y cuya voluntad ha sido «anulada», en beneficio de los delirios de un líder que dirige una organización (ahora bajo la denominación de ‘La voz de Serviam’) «con características de secta destructiva».

José Manuel Lima tiene dos hijas «atrapadas» en la comunidad liderada por Rosendo, una de ellas casada con su hijo, y madre de dos niñas que apenas conocen a sus abuelos maternos. Según su relato, entró en contacto con la Orden en un momento complicado personalmente, e introdujo a su mujer y a sus hijas en ese ambiente.

«SIN NADA»

Pero lo que empezaron siendo colaboraciones y trabajos con fines benéficos se convirtieron en prácticas sectarias, prohibición de estar con sus hijas y nietas, trabajo de sol a sol sin cobrar, humillaciones y vejaciones. Hasta tal punto llegó el aislamiento, que no pudo visitar a su hija cuando ésta dio a luz, y tampoco acudió al entierro de su madre. «Le entregué todo, mi tiempo, mi dinero (vendió su vivienda para irse a vivir a la comunidad de Oia), mis hijas… hasta que me quedé sin nada», ha relatado este hombre, que hace dos años pudo apartarse de la Orden y «empezar de cero».

«Tengo mucho miedo por mis nietas, de 8 y 9 años, no quiero que sufran, no quiero separarlas de sus padres, pero tampoco quiero que crezcan en ese ambiente», ha indicado, y ha explicado el «temor» de las familias a «dar la cara», después de años de silencio y de acatamiento de un «código» para que «nadie hablase de lo que pasaba allí».

Las familias han advertido de que esta «secta» pervive en la Comunidad de Madrid, e incluso cuenta con el respaldo de algunos sacerdotes, como Ignacio Oriol, lo que hace creer a las jóvenes «atrapadas» que permanecen en el seno de la Iglesia y que serán ordenadas monjas.

CIERRE DE FILAS

La historia de José Manuel se repite con otras familias, cuyos hijos e hijas, muchos con carreras universitarias, se han entregado a la causa de Feliciano Miguel Rosendo. Sus allegados lamentan que «les han lavado el cerebro» y que, pese a las denuncias públicas de supuestos abusos sexuales, estafa y otras irregularidades, cierran filas entorno al fundador de la Orden y le defienden.

De hecho, los portavoces de las familias han admitido, resignados, que sus denuncias ante la Iglesia y los medios de comunicación, así como la investigación abierta por un juzgado de Tui, servirán para alejarles más de sus seres queridos.

«Ellos no ven lo que está pasando, y ya nos han dicho que, si seguimos con las denuncias, nos olvidemos de que son nuestros hijos», han reconocido. No obstante, han mostrado su confianza en la actuación de la Justicia y también de la Iglesia, y creen que su denuncia «ha llegado a oídos del Papa».

PRÁCTICAS SECTARIAS

En la rueda de prensa ofrecida este miércoles, uno de los portavoces de las familias, Joaquín García (cuya hija de 35 años está en la Orden), ha realizado un relato de la trayectoria de Rosendo, y de las supuestos abusos que cometió, según han averiguado a través de una agencia de investigación privada que ellos mismos contrataron.

Así, ha señalado que, en las instalaciones de la Orden en Oia, se cometían abusos sexuales, que Miguel Rosendo mantenía relaciones con las jóvenes, a las que aseguraba que, «a través de su semen les transmitía el cuerpo de Cristo». «Disfrazaba sus tocamientos de limpiezas espirituales», ha denunciado, y ha añadido que, además de esos abusos, también «humillaba, abroncaba y vejaba» a los ‘miguelianos’ delante de otros miembros de la organización.

Rosendo, que se hacía acompañar en todo momento por dos pseudomonjas, a las que denominaba ‘bastones’, impedía que los miembros de la Orden cobrasen por los numerosos trabajos que realizaban (acompañamiento de enfermos, obras de mantenimiento en dependencias religiosas, festivales con fines benéficos,…), aunque las familias han asegurado que recogían «muchos sobres» con dinero destinado, supuestamente, «a las hermanas».

«Todo ese dinero pasaba por manos de Miguel, que lo tenía que bendecir, pero luego no se sabe a dónde iba», ha indicado uno de los jóvenes que trabajó en esta comunidad, quien ha subrayado que, además de posibles delitos de índole sexual, Rosendo «dirige un entramado de estafa y tráfico de influencias» .

A ese respecto, los integrantes que se apartaron de este grupo comenzaron a tener «dudas» cuando advirtieron de que muchos miembros de la comunidad malvivían en chabolas, había problemas de suministro, etc., mientras que el patrimonio del fundador no dejaba de crecer. Así, han relatado que había tres cajas fuertes en la ‘Casa Madre’ de Oia, que no dejaban de llegar camiones con suministros de todo tipo, donaciones, sobres con dinero, e incluso regalos para Rosendo, como dos motos de agua.

Los afectados describen al fundador de la Orden y Mandato de San Miguel como un «fabulador» y «manipulador», que empezó su tarea de captación desde varias «consultas-herbolario» en Vigo y que creó una organización al servicio de su lucro «personal». Entre los «delirios» que le atribuyen, está el de autoproclamarse la reencarnación del arcángel San Miguel, asegurar que murió y resucitó a la edad de dos años, decir que fue restaurador de castillos o portero del Paris Saint Germain.

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