El fútbol como pretexto

Parafraseando a Don Quijote, dichosa edad y felices domingos aquellos cuando íbamos al fútbol para esparcimiento y diversión y el espíritu deportivo y el buen rollo reinaba entre las aficiones. Lamentablemente, desde hace unos años este deporte es degeneró hasta el enfrentamiento pasional entre clubes, equipos y aficiones en un fangal de turbios intereses donde no tiene cabida el raciocinio. Seguro que ningún club alimenta directamente la violencia, pero muchos son complacientes con ella acogiendo en los estadios a individuos o grupos que la practican y fomentan.
Cuando ocurre la desgracia suenan todas las alarmas. Sin duda, la culpa de aquellos hechos fue de esos grupos violentos que, con el fútbol como pretexto, se citaron armados hasta los dientes y se zurraron con el resultado de un muerto y varios heridos. No parece que la justicia fuera severa con ellos y solo cabe esperar que al menos el peso de la ley caiga sobre los que asesinaron al aficionado coruñés. De lo que pasó en Madrid se conoce el grueso de los hechos, pero hay versiones contradictorias que impiden saber toda la verdad. Una semana después es lamentable ver como la responsabilidad, igual que el balón, aún va rebotando de un lado para otro en versiones distintas de los equipos implicados, de la policía de A Coruña, Delegada del Gobierno en Madrid, Ministerio del Interior, Liga de Fútbol, comisión anti violencia… Y es asombroso ver a Tebas al frente de los mandatarios del fútbol imponiendo ahora normas y medidas para eliminar al monstruo que ellos contribuyeron a crear.
No sé cuál es el análisis de los psicólogos. Pero muchos ciudadanos, sin ser expertos en comportamientos sociales, piensan que algo habremos hecho mal para que muchos jóvenes -y no tan jóvenes- se citen para pegarse antes de un partido de fútbol, se diviertan consumiendo grandes dosis etílicas en el botellón o amenacen a sus profesores en los colegios. Seguramente la violencia en el fútbol es el síntoma de un problema más profundo de esta sociedad. En A Coruña, además de la muerte irreparable de un aficionado, hay que lamentar el daño colateral que estos hechos están causando en la reputación del Depor que fue el mejor embajador de la ciudad durante años. Presiento que ese daño a la imagen del club -que para algunos medios de comunicación, dirigentes políticos y deportivos de Madrid es el único responsable- tardará tiempo en ser reparado y ahora va a agravar más aún su crisis económica y deportiva.

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