Ladran, luego cabalgamos

En el debate del pasado jueves en el Parlamento, el presidente del Gobierno y el Jefe de la oposición coincidieron en que la corrupción es un problema grave pero no está generalizada, “España no está corrompida”. El problema grave en esta España que “no está corrompida”, son los muchos corruptos que hay en los partidos políticos -en unos más que en otros-, en las patronales, entre empresarios, banqueros y sindicatos, en los ayuntamientos, diputaciones, instituciones… A veces, la aparición secuencial de tantos y tan llamativos casos lleva a pensar que la corrupción está tan incrustada en el suelo patrio que muchos ciudadanos sostienen que aquí no roba el que no puede.

A pesar de todo, “España no está corrompida”. Entonces, ¿cómo explicar tanta indecencia en la política, en las instituciones y en la sociedad? Seguramente la desidia de los partidos que gobernaron durante tantos años tiene algo que ver en el nacimiento de la “cultura” de la corrupción y del soborno, que ahora Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, desbordados por casos clamorosos en sus filas, deberían erradicar de inmediato.

Pero el tacticismo partidario impidió que llegaran a un acuerdo y tampoco serían creíbles. “Por desgracia, ni PP ni PSOE tenemos credibilidad contra la corrupción”, declaraba Rubalcaba en una entrevista el fin de semana. Además de credibilidad, les falta voluntad y les sobra tolerancia con los militantes que exhiben comportamientos indecentes o poco ejemplares. El mismo día que Rajoy y Sánchez escenificaban su desencuentro en el Congreso, Podemos, que maneja bien los tiempos, presentaba su programa económico. Es verdad que muchas de las propuestas están fuera de la realidad y son económicamente inconsistentes o utópicas, pero supieron revestirlas bien y, según los sondeos, son muchos los ciudadanos dispuestos a votar ese proyecto para “castigar al sistema”, que no conecta con ellos.

La imagen de los dos líderes principales de ese sistema despedazándose es el mejor aliado de Podemos, cuyos fundadores sonríen de satisfacción al amparo de aquella expresión “ladran, luego cabalgamos”. Los “ladridos” del jefe de Gobierno y del jefe de la oposición en forma de discusiones estériles y desacuerdos están abriendo el camino para que el nuevo partido cabalgue a lomos de escaños y sin hacer otra cosa que esperar que pasen los cadáveres políticos de PP y el PSOE, primeros responsables de lo que se avecina.

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