¿Sirve para algo el debate?

Un viejo cuento inglés refiere la historia de un veterano ferroviario que en el momento de la jubilación preguntó a sus compañeros si sabían por qué tenía que golpear las ruedas con un pesado martillo cada vez que el tren se estacionaba en la vía y ninguno supo darle una respuesta.

Da la impresión que en los debates del estado de la autonomía -como en las sesiones de control- la política gallega vive con el «síndrome del martillo del ferrocarril», una pauta de conducta que consiste en repetir periódicamente determinadas actividades sin saber el porqué se realizan y para qué sirven.

El del año pasado concluyó después de tres días de largos discursos, acalorados debates, numerosas réplicas y contra réplicas con la aprobación de cincuenta y tres resoluciones poco relevantes para el desarrollo de la comunidad, muchas de ellas durmiendo un plácido sueño en esa «carpeta» que es el Diario de Sesiones. Por tanto, aquel debate sobre el estado de la autonomía -como la mayoría de los anteriores- fue una cita parlamentaria rutinaria perfectamente prescindible, como el golpeo del ferroviario en las ruedas del tren.

¿Se repetirá la historia este año? Cabe la posibilidad que los diputados sientan que son el centro del universo galaico y quedaran satisfechos ayer escuchando y replicando las intervenciones que tenían guión predeterminado en dos visiones del país, la más optimista del presidente y la apocalíptica de la oposición.

En ese caso, que sepan que ni la una, ni la otra cautivó el interés de la gente que ya sabe que Galicia arrastra problemas en sus sectores productivos, presenta cifras de paro insoportables, tiene las pensiones y salarios más bajos, sigue sujeta a recortes en los servicios básicos, envejece y los jóvenes emigran en edad de procrear, se desgarra por el hambre que ronda a miles de hogares, por la desigualdad creciente, por la corrupción…

Todo esto y más ya lo conocen los gallegos y por eso, además de la relación de problemas, esperan el tratamiento para corregir tantas debilidades del país. Aplicarlo es responsabilidad del Gobierno, pero su receta debería incorporar las aportaciones de la oposición porque ninguna mayoría puede sacar esto adelante por sí sola.

¿Es mucho pedir que cierren el debate aprobando algunos acuerdos relevantes, como medidas para estimular el crecimiento de la economía, combatir el paro y acabar con la corrupción? Sus señorías tienen la palabra.

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