Las novatadas, en el Senado

Una historia que reaparece cada año con puntualidad otoñal es la de las novatadas estudiantiles que algunos llaman “ritos de iniciación” planificados para integrar a los nuevos universitarios que durante unos días tienen que divertir de oficio a las estudiantes veteranos.
Hace ahora tres años comenté en esta misma columna la fiesta estudiantil organizada en una plaza del casco antiguo de Santiago para celebrar el comienzo de curso. Allí, veteranos y novatos entablaron una batalla inofensiva en la que se lanzaron restos de comida que dejaron la plaza y los cuerpos juveniles cubiertos de una inmensa capa de basura.
Todo se desarrollaba dentro de los códigos de una diversión candorosa a la que solo se le podía poner el reparo de la escasa imaginación de quienes “inventaron” una guarrería como forma de entretenimiento. Pero aquella novatada acabó en tragedia, porque un desalmado mezcló los restos de alimentos con un producto químico muy agresivo que causó heridas a algunos estudiantes en la cara y en los ojos, con consecuencias para la visión.
El percance fue muy comentado en toda España, sensibilizó a los colegios mayores en cuyo seno tienen lugar la mayoría de estas prácticas que atentan contra la integridad física y moral de quienes las padecen, y movilizó de manera especial a la Asociación No Más Novatadas en su cruzada de “tolerancia cero” de unas actividades que describen con detalle en su página web.
Tres años después de aquellos hechos, las novatadas llegaron al Senado, que acaba de aprobar una moción en la que insta al Gobierno a tomar medidas contra estas actividades que a veces traspasan los umbrales del humor y se acercan a lo delictivo. Algunas novatadas representan vejaciones humillantes e hirientes; otras rozan lo delictivo y la mayoría de ellas son una manifestación de la escasa imaginación de los jóvenes que en lugar de imprimirle creatividad a sus ritos iniciáticos no pasan de la ordinariez, lo que dicen poco de la inteligencia de quienes están entrando en el templo de la ciencia y la cultura que aún anidan en las universidades.
La moción de la Cámara Alta servirá de poco sin la colaboración de los colegios mayores y residencias, de los padres y de los mismos estudiantes. Si persiste el silencio cómplice de todos los actores es señal de que los recién llegados a la universidad quieren seguir representando el papel de atracciones de feria. En este caso, hacen realidad el viejo dicho, “sarna con gusto no pica”. Pero, después, que no se quejen.

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