Cabezas cortadas

 

Es muy probable que muchos de ustedes hayan visto la espeluznante fotografía de un islamista, cuchillo ensangrentado en mano, arrodillado ante 5 cabezas cortadas: sus cinco trofeos. En la otra mano, el dedo índice levantado como si advirtiese de lo que es capaz de hacer. El hombre (si puede utilizarse esa expresión para un ser capaz de tanta salvajada) ha sido identificado por la policía española como un militante del movimiento Estado Islámico de Irak y Levante. Vive en una localidad marroquí que hace frontera con Ceuta y se llama Mohamed Hamduch.

No es su única relación con España. También está casado con una española de la cual espera un hijo. La boda tuvo lugar en Siria, país donde el movimiento yihadista se está extendiendo a pasos agigantados, favorecido por el extremismo y la polarización de la guerra que enfrenta desde hace ya dos años a rebeldes y tropas fieles a Bassar.

Hasta Siria viajó ella para el enlace, pero también para formalizar su compromiso con la yihad.
En todas las religiones del mundo, en todas las culturas, una boda es una fiesta y los novios reciben regalos de los suyos. Es también un canto a la vida de los hijos que están por venir. En este caso él le regaló a su mujer un cinturón de explosivos. ¿Una invitación al sacrificio?

Este “regalo” y el “trofeo” de la fotografía son elementos más que suficientes para definir ante quién nos enfrentamos. Ante seres que no reconocen el valor de la vida, ni la de los suyos ni, mucho menos, las de los que consideran sus enemigos, todos aquellos que no se sometan a la creación de un Estado islámico radical.

Me invade el miedo. Primero porque esa clase de individuos crece. La policía considera que la campaña de reclutamiento de yihadistas ha llevado a Siria a centenares de jóvenes reclutados en Europa dispuestos a seguir la locura de la guerra santa. En segundo lugar, porque estamos tan cerca. Escribo esta columna desde el sur de España. Desde aquí, desde el esplendor de la luz de Cádiz casi podemos tocar Africa y el Magreb.

¿Cómo luchar contra esta locura?
¿Cómo impedir que estas mujeres se conviertan en rehenes de sus maridos, en carne de cañón de la perversión religiosa?
Si conociéramos la receta infalible no estaríamos, ustedes y yo, perplejos y horrorizados ante la imagen de estas cinco cabezas cortadas.

Supongo que más allá de la encomiable labor de las fuerzas de seguridad, debemos seguir pensando que la mejor apuesta para luchar contra el fanatismo y el extremismo es luchar contra la ignorancia e invertir con decisión en educación.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar