El poso electoral

Los comicios para obtener acta de eurodiputado nos han dejado en claro muchas cosas. Es el poso, el rescoldo, que nos queda de unas elecciones que no calaron en ningún momento en los electores y que una gran mayoría las vivieron como si no fuera con ellos, y otros como una válvula de escape para dejar claro al Gobierno que las cosas no se están haciendo bien. No soy partidario de hacer análisis políticos después de los comicios electorales. De todos modos, en esta ocasión haré una excepción que espero que no se convierta en norma. Son pensamientos que hago en voz alta:
–La desafección entre los votantes ha sido total.
–El bipartidismo, que perdió más de cinco millones de votos, está herido de muerte.
–Los dos grandes partidos no han querido tocar el tema de la corrupción, en la que tienen inmersos –imputados y sentenciados– a muchos dirigentes políticos.
–Ha sido una campaña de auténtico navajeo.
–No hubo pedagogía de lo que es, para qué sirve, qué hace y qué beneficios puede tener seguir permaneciendo en la UE.
–Una frase, dicha en el momento más inoportuno y de la forma más inapropiada, ha polarizado la segunda parte de la campaña.
–Los temas locales y el cuerpo a cuerpo estuvieron más presentes en las intervenciones de los candidatos que en profundizar en temas de la UE.
–La gobernabilidad en el Parlamento Europeo va a ser tremendamente difícil
–El gasto económico electoral no justifica haber perdido una gran ocasión de hacer partícipe al elector de lo que es el Parlamento Europeo. La gran mayoría de los que ejercieron su derecho constitucional de votar no saben para qué sirve la Cámara de representación de los Estados que conforman la UE.
–Muchos votantes han mostrado con su abstención y voto en blanco su malestar al enterarse de que los eurodiputados no cumplen con la Hacienda española –entiéndase el IRPF–, por los millonarios sueldos que perciben.

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