El club de los galácticos

 

Según los datos registrados en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los directivos mejor pagados de las principales empresas cotizadas ganan de media 75 veces más que sus empleados, un dato que revela la altísima desigualdad salarial entre la cúpula de las empresas y el resto de los trabajadores.

Son “los galácticos” del mercado continuo, una larga lista de ejecutivos cuyas retribuciones, entre sueldo y aportación al plan de pensiones, van desde los 7,9 millones del mejor pagado al millón de euros de los situados en la parte baja del escalafón salarial.

Hay que decir que las retribuciones de los altos ejecutivos de las grandes compañías son aprobadas por sus accionistas, que son los dueños. En el argot empresarial esos directivos son quienes “tiran del carro” implantando las políticas empresariales, fijando objetivos, dirigiendo y coordinando equipos de trabajo y estableciendo mecanismos de control. De esta forma contribuyen de manera decisiva a la obtención de resultados y los patronos creen que son acreedores a tan alta retribución. Por tanto, nada que objetar porque esos salarios entran dentro de la parcela de libertad de las empresas y de sus propietarios y seguramente son acordes con las leyes del mercado.

Pero llama la atención esa generosidad de los consejos de administración con sus ejecutivos y la cicatería que siempre demuestran con el resto de los trabajadores de las empresas, cuyos salarios se han devaluado de forma brutal en los años que llevamos de crisis en aras de la competitividad, que exige moderación salarial, y las previsiones de los expertos apuntan a que los salarios no se recuperarán en los próximos años. Por poner unos ejemplos, el sueldo medio en Galicia es de 19.970 euros –en los tiempos que corren parece de privilegiados–, el 40 por ciento de los jóvenes de entre 16 y 29 años cobra menos de 1.000 euros al mes y el salario base que perciben cientos de miles de trabajadores es de 645 euros.

Nadie puede negar que a responsabilidades distintas corresponden retribuciones distintas. Pero, ¿hay alguna explicación razonable para mantener unas diferencias salariales tan grandes entre el común de los trabajadores y los altos directivos? ¿No parece un poco obsceno e indecente seguir rebajando los salarios del empleado de base mientras se mantienen –e incrementan– a cifras astronómicas los de los directivos? Con la que está cayendo, ¿son soportables tamañas diferencias sociales o más bien son una provocación?

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