«Cojones»

A veces el impacto de algunas palabras o expresiones supera con creces a la mejor retórica política. Es lo que le sucedió a la mujer del viceprimer ministro británico, Nick Clegg. Miriam González Durántez, abogada española tomó la palabra en un acto público, en el que participaba junto a su marido, para elogiar a los hombres que asumían labores domésticas y sacaban tiempo de debajo de las piedras para atender a sus hijos. Hasta ahí nada fuera del otro mundo. Su intervención saltó a las portadas de los periódicos porque para ilustrar su discurso la abogada feminista ya conocida como “Huracán Miriam” afirmó que los hombres que se implican en la educación de sus hijos tienen más “cojones”. No hizo falta que su marido, un tanto sorprendido, tradujese a los presentes la españolísima expresión. (Cabe pensar que muchos de los asistentes pasan sus vacaciones en nuestro país). El detalle provocó un aplauso cerrado en el auditorio.

La anécdota incita, al menos a un par de reflexiones. La primera es que hay que saludar la audacia de la abogada. A toro pasado el resultado fue positivo pero también hubiese podido ser interpretado como un gesto soez y poco oportuno, sobre todo teniendo en cuenta la flema británica y viniendo de la esposa de un alto responsable del gobierno.
La segunda es constatar el impacto conseguido sólo con una palabra “malsonante” Seguramente si hubiese utilizado una fórmula más neutra como “agallas” ni el Daily Mail o The Guardian hubiesen recogido sus palabras y, menos aún, la prensa española.
Lo cierto es que los medios británicos recogieron la expresión tal cual y la vallisoletana, además de recoger aplausos, logró portadas. Por lo tanto aviso a navegantes, tal vez valga la pena valorar que una buena campaña de comunicación diseñada para impactar y llamar la atención sea mucho más eficaz que los cientos de folios que utilizamos para intentar convencer de que la conciliación nos beneficia a todos.
A veces nuestro discurso, por repetitivo, se convierte en cansino y poco efectivo y cabe pensar que un mensaje más agresivo llega mejor al destinatario. Es posible que convencer a los hombres de que tendrán más éxito con las mujeres si ejercen de papas responsables y amos de casa comprometidos sea mucho más efectivo aunque, probablemente, políticamente no sea lo más correcto.

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