La defensa del «violador del estilete» no ve pruebas suficientes para encarcelarlo

Violador del estilete_Felix Vidal Anido
El «violador del estilete», en la actualidad.

La defensa de Félix Vidal Anido, conocido como el violador del estilete, ha manifestado que no cree «que resulte una prueba determinante» el análisis de la posición del teléfono móvil para situarlo el día del intento de agresión a una mujer en Lugo, por la que fue detenido y enviado de nuevo a prisión.
El abogado Marco Candal, que ejerce la defensa de oficio de Vidal Anido, ha comentado que Lugo es «una ciudad pequeña», por lo que considera que los datos del repetidor no serán «relevantes» por la corta distancia que hay entre donde dice su cliente que estaba–alega que cogió un autobús– y el lugar donde fue asaltada la mujer denunciante.
En este sentido, ha señalado que en cuanto a telefonía móvil en Lugo «todo está relativamente cerca», por lo que apunta a que probablemente opere el mismo repetidor en la zona de la Estación de Autobuses y donde estaba la mujer que denunció los hechos, por lo que ha reiterado que cree que los resultados del análisis del móvil no resultarán «una prueba determinante».

El "violador del estilete" accede a la Audiencia provincial de Ourense en 1987.
El «violador del estilete» accede a la Audiencia provincial de Ourense en 1987.

Además, preguntado sobre si este análisis puede afectar al recurso presentado contra la medida de prisión provisional, ha explicado que previsiblemente éste será resuelto antes de contar con los resultados del análisis de la posición del teléfono móvil de su cliente.
Después de salir de la cárcel a finales del año pasado a consecuencia de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que derogó la conocida como doctrina Parot, el violador del estilete permanece en prisión provisional en el centro penitenciario lucense de Bonxe tras haber sido detenido el pasado viernes por un intento de agresión acontecido el miércoles anterior en la ciudad de Lugo.
Tras salir de prisión, Félix Vidal se instaló en la parroquia de San Martiño de Barreiros, en el municipio de Pol (Lugo), donde residen sus padres, tras cumplir más de 30 años de prisión por medio centenar de ataques a mujeres .

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