Uso y abuso de la sanidad

Quiso el azar que el mismo día en que el presidente Feijóo reafirmaba la apuesta de la Xunta por la sanidad gallega en la inauguración del servicio de urgencias del Complejo Hospitalario de A Coruña, el presidente de la Organización Médica Colegial agitara el patio nacional pidiendo desde el Foro Nueva Economía que la administración castigue a quienes hacen “mal uso” de la sanidad pública.

El doctor Rodríguez Sendín puso tres ejemplos de abusos de la sanidad. El primero es el de los pacientes que no recogen las pruebas diagnósticas. El segundo es el comportamiento de los “enfermos” que no acuden a la consulta del especialista y tampoco tienen la deferencia de avisar para que desde Cita Previa puedan llamar a otra persona para ser atendida. Y el tercero se produce en las urgencias hospitalarias a las que acuden pacientes que, sin patología o con una patología que debería ser vista en Atención Primaria, colapsan este servicio.

El presidente de los médicos tiene razón y ya era hora de que alguien con autoridad cantara “las verdades del barquero” sobre los usos y abusos que los ciudadanos hacemos de la sanidad en plan “barra libre”. Pero, seguramente por un corporativismo comprensible, no incluyó otros dos atentados contra la sanidad pública causados desde dentro del propio sistema.

El primero es la fuga de material –gasas, toallas, sábanas, papel, jeringuillas, fármacos…– que desaparece a manos de algunos trabajadores rateros que piensan que la dotación de los hospitales cae del cielo, como si no saliera de los impuestos de todos.

El segundo abuso proviene de la utilización de los medios públicos, hospitalarios y ambulatorios, por parte de algunos profesionales para atender a sus pacientes de la consulta privada. Hay casos clamorosos y, curiosamente, los únicos que no se enteran de ellos son los gerentes y directores médicos de los centros, que son los primeros responsables de acabar con estos comportamientos.

La crisis trajo consigo ajustes económicos severos en la sanidad pública que se tradujeron en recortes importantes en recursos humanos y tecnológicos. Pero sus deficiencias no solo son imputables al sistema, sino también al mal uso que los usuarios hacemos de ella, a los abusos de una parte del personal sanitario y a la negligencia-incompetencia de algunos  dirigentes. Aún así, tenemos una sanidad aceptable, pero tiene fecha de caducidad si no se pone remedio a estos y otros desmanes.

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