Un eventual del Ayutamiento de Lugo revela que Liñares le obligaba a trabajar sin retribución

Fernández Liñares

José Luis Fernández Fieiras estuvo «cuatro años» encadenando contratos de seis meses en el Ayuntamiento de Lugo hasta que «le fastidiaron el puesto» por, entiende él, negarse a seguir trabajando las fincas del exconcejal socialista Francisco Fernández Liñares sin que «jamás» le pagase por ello.

Así se lo cuenta al juzgado de instrucción número 1 de Lugo, que instruye la Operación Pokémon, y su declaración «voluntaria» sobre los «abusos» e «injusticias» que ha sufrido ha sido incorporada al sumario, al que ha tenido acceso Europa Press.

Todo empezó, según su relato, cuando el alcalde pedáneo de Santa María de Muxa, Juan Gómez Senra, preguntó entre el departamento de Zona Rural «quién tenía libre el fin de semana». Fernández Fieiras y otro, Jesús Real, no tenían planes, por lo que les preguntó si «tenían inconveniente» en «ir a trabajar a una finca» de Liñares.

Dijeron que podían ir «pensando que sería un tema puntual», y de 9,00 a 21,00 horas estuvieron «sábado y domingo» en una finca «muy grande» llamada Magdalena de Coeses, en la que habría unos 15.000 pinos. Picaron leña y desbrozaron con su propia maquinaria.

Como no cobró «nada», según declaró en sede judicial José Luis Fernández Fieiras, entendió que se trataba de «un caso puntual, un favor puntual», aunque sabía que otros empleados municipales «también trabajaban fincas de Liñares». Pero «lo que sucedió es que esto se convirtió en una rutina».
LA «RUTINA»

Así, Fernández Fieiras, quien entró en el ayuntamiento en 2004 a raíz del cierre de la empresa en la que trabajaba, recibía frecuentemente llamadas tanto de Gómez Senra como de Liñares para trabajar en las fincas del político en Coeses, Ligonde o Santa María Alta.

«Aceptaba porque en todo momento entendió que, si no iba, le iban a rescindir el contrato, y tenía mujer y dos hijos», se recoge de su declaración, en la que hizo también constar que incluso tuvo que ir a sus terrenos «el día de Nochebuena, el día de Navidad y el día de Año Nuevo».

Y, cuando «salía en las conversaciones el tema de las plazas y las renovaciones, Liñares siempre decía: ‘el que algo quiere, algo le cuesta; a buen entendedor…», prosiguió el empleado, e interpretó que «no» le renovarían si no trabajaba sus fincas.
HASTA QUE SU MUJER «SE CABREÓ»

Estas tareas, que siempre se realizaban «fuera del horario de trabajo» del consistorio, acabaron suponiéndole «problemas con su mujer», que «se cabreó» porque tuviese que dedicar su tiempo libre a «trabajar las fincas de Liñares».

Por ello, «decidió ir cortando», dando «largas», buscando «excusas» o contando «mentiras» para justificar que «estaba cansado» de hacer este trabajo.

Al ver esto, su jefe de departamento, José Manuel Sánchez Vila, le advirtió de que sus «actitudes no eran buenas» y de que podrían «costarle el puesto». A la vuelta de sus vacaciones, se fue «al paro».
«APROBARON TODOS» MENOS ÉL

«A los dos o tres meses», su plaza salió a concurso para interino y el examen consistía en una prueba práctica sobre lo que «llevaba haciendo los últimos casi cuatro años» y «aprobaron todos los compañeros que habían estado trabajando, a excepción» de él mismo.

No obstante, a la vista de que Sánchez Vila estaba en el jurado, optó por «no reclamar». Pensaba que «no tenía nada que hacer», sobre todo, tras constatar que le había puesto «un cero» en el examen.

Posteriormente, obtuvo «el número uno» en las pruebas prácticas para las plazas de señalización y, aunque le llamaron para trabajar «seis meses», una funcionaria del área de Personal le dijo que «ya no fuese a firmar», sin darle «explicaciones».

Sus últimos trabajos para el ayuntamiento fueron la cobertura de una baja durante un año y de peón seis meses, tal y como concretó en su declaración.

Precisamente sobre este caso la jueza Pilar de Lara quería preguntarle a Liñares en su interrogatorio del 5 de diciembre de 2012, pero el imputado cambió de estrategia y decidió acogerse a su derecho a no declarar. No obstante, la jueza deja constancia de las preguntas a las que pretendía someter en esa ocasión al exconcejal y expresidente de la Confederación Hidrográfica do Miño-Sil.

En esa batería de preguntas figuraban algunas en relación a si había tenido trabajando en sus fincas particulares a operarios municipales, si le desbrozaron varias fincas y plantaron árboles, si les pagaba, si utilizaba maquinaria del Ayuntamiento o si amenazó a algún operario con que suspendería cuando se presentase a oposiciones en caso de no aceptar realizar trabajos particulares para él.

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