Alertan del aumento en los niños de la diabetes propia de adultos

La diabetes tipo II en niños ha mostrado un incremento alarmante en los últimos 15 años, derivado del problema de la obesidad que registra la población infantil en nuestro país, destacó Raúl Calzada León, jefe del Servicio de Endocrinología del Instituto Nacional de Pediatría (INP).

Alertó el especialista que en comparación con los síntomas que registran los adultos como sed constante, pérdida continua de orina y disminución de peso, la diabetes tipo II -en su inicio-, derivada de la obesidad en la población infantil, es muy difícil de diagnosticar de forma temprana ya que no manifiesta ninguna señal.

Comentó que, anteriormente, el mayor caso de diabetes en niños era la que se conoce como tipo I o insulinodependientes, una deficiencia en la producción de insulina.

Por ello, sugirió, que ante la falta de síntomas en el tipo II, es necesario que los profesionales de la salud realicen a todo niño con obesidad exámenes de niveles de glucosa, pero no en ayunas, como comúnmente se llevan a cabo, sino dos horas después de ingerir los alimentos.

Otra señal puede ser que estos pequeños empiecen a presentar una resistencia a la insulina es cuando tienen una pigmentación oscura en zonas específicas como cuello, axilas, rodillas, codos e ingles, la cual se le conoce como acantosis nigricans y que presenta el 99% de los niños con obesidad.

Se recomienda que todo niño con obesidad y acantosis nigricans, se someta a determinaciones de glucosa y de insulina en ayunas y dos horas después de ingerir los alimentos, lo que permitirá conocer las variaciones de azúcar en sangre y determinar si ya desarrolló la enfermedad.

El especialista puntualizó que lo más importante de un diagnóstico oportuno es controlar la enfermedad para evitar las complicaciones.

«Un niño con diabetes tipo II atendido por un equipo multidisciplinario de especialistas, puede lograr el control de este padecimiento a través de un programa de alimentación y de actividad física, adecuado a su edad y a sus necesidades energéticas, incluso, en muchos casos sin medicamento», destacó.

Sin embargo, un niño que no es atendido adecuadamente tiene el riesgo de desarrollar lo que se conoce como síndrome metabólico, es decir, niveles altos de lípidos, colesterol y triglicéridos, presión arterial alta y niveles elevados de azúcar en sangre.

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