Rescatan con vida a otros dos pasajeros

Dos pasajeros del crucero Costa Concordia fueron encontrados con vida, a 24 horas de que encallara en la costa oeste de Italia.

Según los informes, el hombre y la mujer se encuentran en buenas condiciones.

Los equipos de rescate continuaron trabajando durante la noche -en el barco sumergido hasta la mitad- en busca de supervivientes.

Un total de 177 españoles viajaban en el barco encallado en Italia

Un total de 177 españoles viajaban en el buque crucero ‘Costa Concordia’ que ha naufragado frente a la Toscana, en Italia, según ha informado la compañía naviera Costa Cruceros.

El Ministerio de Asuntos Exteriores no tiene constancia de que ninguno de los españoles que viajaban a bordo del barco haya resultado herido y han sido trasladados a Roma, informaron a fuentes de este Ministerio, aunque sí hay un español entre los desaparecidos, según ha asegurado la Delegación del Gobierno en Baleares.

Aunque no han trascendido datos concretos sobre la procedencia de los españoles, varios medios se han hecho eco de que al menos un hombre, natural de A Coruña, se habría puesto en contacto con el Consulado para informar de que él y su grupo estaban a salvo.

A bordo del barco viajan 4.229 personas (entre pasajeros y tripulación), de las que, según el último recuento, tres han resultado fallecidas y 70 se encuentran desaparecidas.

La compañía de cruceros Costa ha anunciado la nacionalidad y el número exacto de pasajeros a bordo del barco. En total, 3.216 eran pasajeros, la mayoría de ellos italianos (989), seguidos de los alemanes (569), franceses (462), españoles (177), estadounidenses (129), croatas (127) y 56 de otras nacionalidades. A esto hay que añadir 1.013 miembros de la tripulación, lo que hace un total de 4.229 personas a bordo del barco en el momento del naufragio.

Un peruano, miembro de la tripulación, y dos turistas franceses son las tres personas muertas, cuyos cadáveres han sido recuperado, en el naufragio de un crucero en la isla italiana de Giglio ocurrido anoche, según han informado este sábado medios italianos.

Hasta ahora las autoridades italianas sólo han confirmado tres muertos en el naufragio, aunque aún están sin localizar un total de 70 personas. Además de los tres fallecidos, 67 viajeros sufren heridas de diferente consideración, por las que han sido atendidos en los hospitales de Grosseto y Orbetello. Un total de 42 personas están hospitalizadas, mientras que los otros heridos presentaban fracturas leves o hipotermias.

Hablan los supervivientes

Una fuerte explosión fue el primer indicio de que algo andaba mal. En ese momento comenzaron las horas de pánico que vivieron las más de 4.000 personas que viajaban a bordo del crucero Costa Concordia, tras el accidente que dejó tres muertos y decenas de desaparecidos.

Después del estruendo, reinó la oscuridad.

«Estábamos cenando cuando de repente las luces se apagaron. Escuchamos una explosión y un fuerte crujido. Todos los cubiertos cayeron al suelo», dijo el pasajero Luciano Castro a la agencia italiana de noticias Ansa. «La tripulación aseguró que se trataba de problemas eléctricos, pero el caos fue inevitable: el buque ya se movía de forma violenta».

«El barco comenzó a temblar. Sentí pánico, como en una película: los platos caían al piso, la gente corría y algunos incluso se caían por las escaleras», señaló el sobreviviente Fulvio Rocci.

Quienes se encontraban a bordo describen que el barco se inclinó repentinamente hacia la izquierda.

«Les dijimos a los huéspedes que todo estaba bien y que teníamos la situación bajo control, en un intento por evitar el pánico», recuerda el camarero Deodato Ordona.

Eso ocurrió una hora antes de que se anunciara la emergencia general.

Pánico

«A los niños y las mujeres se les dio prioridad a la hora de asignar los lugares en los botes salvavidas, pero el procedimiento no funcionó porque muchos hombres no quisieron abandonar a sus familias»

Cuando el barco comenzó a balancearse de nuevo, pero hacia la derecha, el capitán ordenó abandonar el barco.

Ordona dijo que sus colegas y pasajeros esperaban utilizar los salvavidas, pero con este cambio se vieron obligados a buscar los botes que estaban del otro lado de la nave.

Mónica, una pasajera alemana que se encontraba en el teatro del crucero cuando comenzaron los problemas en el barco, describió lo difícil que fue llegar a los botes salvavidas.

«Era casi imposible caminar debido a la cantidad de gente. Primero se movió una vez a la izquierda y luego a la derecha. El barco se inclinaba y veíamos cómo se hundía más. En media hora el agua ya cubría la mitad de la embarcación», aseguró.

Fabio Costa, vendedor de una de las tiendas del buque dijo que cuando la gente se dio cuenta de que había un problema grave, reinó la desesperación.

«Todo sucedió muy rápido. La gente intentaba llegar a los botes salvavidas al mismo tiempo, en medio del pánico, se empujaban unos a otros. Fue un poco caótico. Tratamos de mantener a los pasajeros la calma, pero fue imposible. Nadie sabía lo que estaba pasando».

Según él, a los niños y las mujeres se les dio prioridad a la hora de asignar los lugares en los botes salvavidas, pero el procedimiento no funcionó porque muchos hombres no quisieron abandonar a sus familias.

Algunas personas decidieron que era demasiado difícil subir a un bote salvavidas y prefirieron nadar. La mayoría logró llegar con éxito a la cercana isla de Giglio.

«Como en el Titanic»

Elizabeth Nanni, encargada de información turística en Isola del Giglio, señaló que los que llegaron a la isla eran «supervivientes en estado de shock, gente desesperada busca a familiares, y algunos otros con hipotermia por haber saltado al mar».

«Por lo general, hay 700 personas en la isla en esta época del año, recibir a 4.000 personas en medio de la noche no fue fácil».

A todos ellos se les entregaron mantas y ropa seca, mientras que las iglesias y las escuelas fueron abiertas para refugiarlos.

Los heridos fueron trasladados por ferry y helicótero al hospital más cercano para que recibieran atención de emergencia.

Pero no todo el mundo tomó un bote salvavidas o nadó hasta la costa. Los equipos de rescate aún buscan supervivientes.

Rose Metcalf, una bailarina que trabajaba en el barco, fue una de las últimas personas en ser rescatas por un helicóptero tras aferrarse al buque siniestrado.

La británica de 22 años le dijo a su padre, Philip, que se sintió «como en el Titanic».

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar