Pero ante todo ilusión

Después de mi articulo del pasado jueves, pudiera parecer que pretendo el pesimismo y la desazón. Muy lejos de mi manera de pensar. Porque por muchas que sean las calamidades que nos acechan (y hoy en día son variadas y enormes) siempre nos queda la ilusión de la lucha por superarlas. ¡“Memento ascendere semper”!, les digo siempre a mis alumnos al comienzo de curso, y también este año se lo he dicho: “Acordaos de ir a más, de ascender siempre”. Y esta dosis de espíritu de lucha es la que nos queda.

Frente a la tristeza de ver Ourense ardiendo y casas destruidas y vecinos sin hogar nos queda fomentar el espíritu de colaboración, la cercanía y la ilusión de que “nunca llovió que no parase”. Es difícil de asumir esta situación pero es lo que toca porque el desaliento, la tristeza y los lamentos, por muy humanos que sean, siempre tenemos que luchar todos juntos por superarlos con entusiasmo y ahínco. Esa es la verdadera postura humana: saber luchar.

Sin duda alguna, y lo recordaba el presidente gallego, tanto las Fuerzas de Seguridad del Estado, como los bomberos, Protección Civil y los pueblos y ayuntamientos han sido y son heroicos. Los vecinos de los lugares de los incendios han puesto también de su parte todo. Esta actitud es de tener en cuenta y sin duda debe servir para levantar del ánimo decaído y conmover a los desalmados que han plantado fuego y han dejado en esta situación a los vecinos.

Porque a esta catástrofe medioambiental se unen otros ingredientes dentro y fuera de Ourense que igualmente podrían contribuir a la depresión y a bajar el ánimo, lo que, lejos de solucionar el problema lo que estaría es contribuyendo a crear un ambiente irrespirable. Y eso debe desaparecer de esta sociedad tan maltratada últimamente. Los pueblos grandes, las sociedades sensatas son aquellas que saben sobreponerse ante la adversidad. 

Siempre recuerdo la anécdota de Atila, el rey que quería conquistar Roma. Al llegar con sus tropas a los Alpes, sus soldados le tomaron miedo a la nieve y a la adversidad y se negaban a seguir en su conquista. Cuenta la historia que Atila se puso al frente y le dijo a la tropa una frase que perdura hasta nuestros días: “¡Tras los Alpes, Italia!” El ánimo del rey de los hunos espoleó a su ejército que superó la dificultad de la altura y el frío para cumplir sus objetivos. Pues eso mismo es lo que debiera mover a nuestros pueblos, hoy rodeados de cenizas y algunos sin vivienda, pero con el apoyo de todos y la solidaridad del pueblo van a poder conquistar nuevamente una situación de calma. La solidaridad de toda la provincia y de Galicia entera debiera ser ese apoyo tan necesario para pueblos con pocos habitantes pero con unos valores que se les pueden venir abajo.

De un lado a otro de la provincia son muchos los lugares afectados e incontables las necesidades de todo tipo que poseen esos hombres y mujeres nobles y con ganas de seguir viviendo en sus sitios de origen. 

Quisiera desde aquí, en la medida de lo posible, espolear a cuantos pueden prestar sus ayudas a quienes hoy lo necesitan imperiosamente. Y nuestros políticos, de una vez por todas, que se dejen de discutir en enfrentamientos estériles y se vuelquen en la ayuda de la España rural, que serán pocos votos, pero son portadores de un cúmulo de humanidad que tal vez en las ciudades abunda menos. Acordarse solo de ir a recoger sus sufragios sería una traición clamorosa.

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