La lección de Italia

ITALIA VIVIÓ un proceso electoral los días 20 y 21, pero la mirada estaba puesta, antes que en el resultado de las siete regiones, en el referendo impulsado por el Movimiento 5 Estrellas para la reducción de parlamentarios que el 70% votó a favor. Los italianos aprovecharon la oportunidad para castigar a su clase política y en 2023 se eliminarán 345 escaños.

Para el M5E «había demasiada gente en las dos Cámaras que cobra mucho dinero y no aporta nada al funcionamiento de la democracia y la pérdida en la representación ciudadana se compensa con más agilidad y eficacia en la elaboración y votación de las leyes».

La reducción de las Cámaras tiene también un valor económico. Ahorra unos 100 millones por legislatura y tendrá continuidad en la rebaja de los salarios de los parlamentarios que son los mejor pagados de Europa. «La política envía así una señal a los ciudadanos. Volvemos a tener un parlamento normal, con menos escaños y menos privilegios», decía Luigi Di Maio, líder del M5E.

Pero para muchos analistas italianos los problemas de su democracia no derivaban solo del número de diputados. El constitucionalista Michele Ainis apunta a la mala calidad de los parlamentarios que proviene de que «su elección está en manos de los dirigentes de los partidos». Por ello, la próxima reforma deberá ser aprobar una ley electoral que zanje tanta mediocridad.

El profesor Ainis señala la causa de las deficiencias de muchas democracias, incluida la española. En España tampoco pasaría nada si se reduce el número de diputados —¿dónde está su productividad?— o se cierra el Senado en su forma actual, pero lo urgente es elevar su nivel educativo y formativo, vergonzosamente bajo, salvo honrosas excepciones.

Hijos de la generación que hizo la Transición, que algunos detestan, crecieron cobijados por sus partidos, nunca se sometieron a una entrevista de trabajo, ni cotizaron a la seguridad social, la militancia partidaria es su única experiencia. Son profesionales de la política.

Por eso es necesaria una reforma electoral que acabe con la dictadura de las listas cerradas, exija más preparación para acceder a las Cámaras y mejorar la calidad de la democracia. Se trata de evitar que gente escasa de luces o tramposa en sus estudios —plagiando tesis y comprando másteres-, que es incapaz de hablar media hora de la historia de España esté dirigiendo al país y administrando presupuestos millonarios.

Mientras, personas con currículo brillante están sirviendo copas, vendiendo baratijas o condenadas a emigrar. También por esto España es diferente.

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