Miedo

EL miedo se ha vuelto contra el hombre del saco. No recuerdo ninguna campaña electoral en la que los partidos no hayan levantado el estandarte de algún miedo. El temor a las mayorías absolutas, el peligro de los gobiernos de coalición, la fobia al centralismo, las repulsas contra los nacionalismos, la insensatez de no ejercer el voto útil, el fantasma de la abstención…

En estas elecciones autonómicas, por primera vez, esos miedos han caído a segundo plano y han quedado amortiguados por otro miedo real, una prevención verdadera, frente al diseño del futuro inmediato. La catástrofe del covid-19 ha podido más que todas las cartas maléficas del tarot electoral y una gran mayoría ciudadana se acercará a las urnas luciendo valentía ante la infección y con miedo a la pérdida del valor de su voto.

Otra porción se quedará en casa para vadear los peligros fundados e infundados del virus. De nada les valdrá leer o escuchar que las precauciones son eficaces contra los restos de la epidemia. Por lo general el miedo siempre es más poderoso que la lógica. Y esto lo demuestra al aumento del voto por correo, como si el hecho de haber realizado todos los trámites en una estafeta hubiera sido más seguro que acudir este domingo a un colegio electoral.

La ansiedad y las obsesiones están galopando por todo el país como dos mal encarados jinetes del Apocalipsis. Por una vez, la tópica fiesta de la democracia la vamos a ver convertida en la cara del miedo o, por la contra, en el arrojo de la responsabilidad colectiva para decidir el tipo de gobierno que deseamos en Galicia. Una u otra fotografía quedará especificada en el número de abstencionistas, restándole el montante de infestados, que ayer sábado superaba los dos centenares.

La ciudadanía timorata debería pensar que la duda patológica que les atemoriza es tan circunstancial como cualquier otro miedo cotidiano a los accidentes de tráfico, a la contaminación, a los ahogamientos en el mar, a cualquier enfermedad sin solución… Debieran considerar que votar sensatamente puede ser también un antídoto contra las pandemias.

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