El día después

Las elecciones libres son el hecho sustantivo de la democracia y ayer el pueblo gallego, máxima autoridad en toda convocatoria electoral, repartió papeles y asignó responsabilidades a los candidatos para los próximos cuatro años. 
Atrás quedan las consignas, las sobreactuaciones, las promesas y los discursos vehementes de una larga campaña en la que todos los candidatos parecían arrebatados por un vendaval dialéctico con licencia para mentir prometiendo lo imposible o lo inviable económicamente. Ayer habló el pueblo y zanjó todo el debate preelectoral.  
Hoy es el día después, toca volver a la realidad y asumir el veredicto de las urnas. Unos recibieron la responsabilidad de gobernar para realizar reformas e impulsar iniciativas que solucionen los problemas de Galicia siguiendo la hoja de ruta que marca el rumbo de lo que interesa y preocupa a los gallegos. 
Parece claro que en esta hora de Galicia el nuevo gobierno debe empezar por la reconstrucción económica y social después de la pandemia, que nos deja tocados a todos, y en esa reconstrucción hay varios mojones indicadores de los asuntos que más preocupan. 
Sobresalen la sanidad –la pandemia sigue ahí– y la educación que determina el futuro de los escolares y, por tanto, el porvenir de Galicia y los servicios sociales; la economía productiva y el empleo, con atención especial a los jóvenes; y el rearme industrial acorde con los nuevos tiempos y retos en la transición ordenada a  una economía más sostenible. 
Acometer un plan reindustrializador es una prioridad ante el cierre de Meirama, As Pontes y de centenares de empresas; ante los problemas de Alú Ibérica, de Alcoa San Cibrao y de otras compañías del sector; ante la amenaza de la ley de cambio climático a las empresas de la costa o viendo tantos autónomos “al sol” con pocas perspectivas de volver a abrir sus negocios. Son ingentes los problemas y necesidades de Galicia para los próximos años. 
Otros tienen la responsabilidad de ejercer la oposición, igual de necesaria e importante en democracia. A la oposición corresponde fiscalizar la gestión del gobierno y presentar iniciativas y proyectos para mostrase como alternativa capaz de aportar otras formas de solucionar los problemas para que el pueblo vea en sus integrantes el relevo al que puede entregar el Gobierno en próximos comicios.  
Y todos, gobierno y oposición, deben aunar esfuerzos y sumar. Suya es la responsabilidad de ocuparse de los problemas del país y cabe esperar de ellos -y exigirles- que aparquen los intereses partidarios, las inquinas personales y los orgullos heridos; que dejen las liortas pueblerinas y que sean conscientes de que son necesarios para que Galicia siga avanzando.

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