Impuestos y gasto público

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A lo largo del año pagamos múltiples impuestos, tantos que el fisco se lleva en torno a la mitad de lo que ganamos, lo que implica que de enero a junio trabajamos para cumplir con las obligaciones tributarias.

Por si esto no fuera suficiente, la fiscalidad va a aumentar, el presidente del Gobierno confirmó una subida de impuestos que será generalizada. La caída del PIB y el desplome de la recaudación, la expansión del gasto público, el aumento del déficit y deuda están causando tal desequilibrio a las cuentas públicas que no se arregla con «el impuesto a los ricos», nos afectará a todos los ciudadanos. Quédense con la copla.

El objetivo de una economía, sea familiar, empresarial, de la comunidad de vecinos o del Estado, es aumentar los ingresos —vía impuestos en la economía pública— para hacer frente a los gastos. Pero los ciudadanos sabemos que hay otra alternativa para el equilibrar las cuentas públicas: reducir el gasto. Por eso, en este momento, parece insultante imponer más tributos manteniendo una espiral de gasto innecesario y superfluo que no da más bienestar al ciudadano.

El primer mal ejemplo es el Gobierno, que es el de más ministros y cargos públicos de Europa; le siguen los miles de observatorios, fundaciones y organismos, aparatos clientelares con su carga de funcionarios sin función justificable. ¡Y qué decir de los miles de asesores que cobran del Estado!.

Más dispendios: el Congreso pagó dos millones de euros en dietas a los diputados durante el estado de alarma; los sueldos escandalosos de dirigentes de empresas públicas y de los «consejeros» de estas mismas compañías —los últimos de Enagás—, todos nombrados a dedo, y otros nombramientos prescindibles. Alguien puede pensar que esto es el chocolate del loro, ¡pero son tantos loros mamando de la teta del Estado…!

La vicepresidenta Calviño, compareció ante la Comisión para la Recuperación Económica y dijo que hay que avanzar hacia «un marco fiscal más justo y progresivo», pero remarcó la necesidad de culminar la auditoría del gasto público para eliminar partidas superfluas y garantizar el uso eficiente de los recursos. «La buena gestión de lo público forma parte de la recuperación de nuestro país», sentenció.

Pues manos a la obra, empiecen por auditar las administraciones y adelgácenlas para garantizar esa eficiencia en el gasto. La gente está harta de pagar impuestos para mantener tanto chiringuito inútil y tanto cargo público innecesario que nada aportan a su calidad de vida. Peor aún, detraen recursos necesarios para los servicios del Estado de bienestar.

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