En Vigo, a mayor infracción urbanística, mayor impunidad

Decía el Doctor Arquitecto e historiador de la arquitectura viguesa Jaime Garrido que en Vigo nunca se había cumplido los planes urbanísticos, incluido el de Protección de Edificios, y que, cuando mayor fuera la infracción, más grandes eran sus posibilidades de que antes o después se acabara legalizando. Lo acabamos de ver de nuevo en la Colina de Castrelos, pero ya pasó antes en otros casos no menos llamativos. Aquí la piqueta sólo ha actuado, antes y ahora, para demoler un barracón levantado en la zona rural y poco más.
Los que tenemos memoria de la historia urbanística de la ciudad en el siglo pasado y el actual hemos sido impotentes testigos de las mil trapacerías santificadas antes o después. Hay un dato significativo. En la antigua Roma, los ediles municipales respondían con su propio patrimonio de sus actos. En las modernas corporaciones democráticas, en el erario público, el patrimonio municipal es el que responder de los efectos de los errores de los corporativos, no ellos.

Y de este modo ocurren hechos como el siguiente: En España es posible que una sentencia quede en suspenso y no se ejecute, en casos como el citado, cuando su cumplimiento genere un problema mayor que el que trata de resolver. Es decir, que las normas urbanísticas acaban siendo amoldadas, como en este caso.

Imaginemos que una sentencia impone el derribo de una urbanización como la Colina de Castrelos. Hay sin duda intereses particulares de las personas que adquirieron las viviendas de buena fe y, en el caso de derribo, el Ayuntamiento tendría que indemnizar a los propietarios, porque el promotor puede haber volado o simplemente alegar que él también actuó de buena fe. ¿Se procedería contra los ediles que otorgaron la licencia? Claro que no.

O sea, que hay que buscar subterfugios. Da lo mismo que sea un espacio protegido, y menos, como en este caso, a la sombra de la destrucción de un bien colectivo como un entorno natural y como viene a reconocer el Supremo, el conjunto del espacio ya ha perdido su condición.

Se cierra otra página más de una historia lamentable de una ciudad donde las normas urbanísticas no se cumplen, si siquiera aquellas modestas de alineaciones y rasantes. Y ya se sabe, cuando mayor sea la infracción, cuando más volumen incorpore, más seguridad tiene de que será intocable. Aquí sólo se derriban las cabañas que se levantan en la zona rural. Y a veces ni eso.

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