Acotaciones

** Cada vez que la ministro Isabel Celaá mete su mano política en algún asunto de relevancia, arma un enorme revuelo. Más que controvertida fue, por ejemplo, su  intervención en el congreso de Escuelas católicas en la que cuestionó el derecho de los padres a elegir centro educativo como “emanación estricta” de la libertad de enseñanza reconocida en el artículo 27 de la Constitución.

Después han venido sus vacilaciones con el cierre del presente curso escolar y, en especial, sobre el cuándo y el cómo del que viene. Y hace unos días ha dado por bueno un nuevo empellón a la enseñanza concertada a propósito del plan de ayudas para amortiguar las consecuencias sociales de la pandemia; un plan que quedará reservado para la escuela pública y que supone una discriminación flagrante, injustificable, caprichosa y sectaria.

Por no hablar, claro, de la nueva ley de Educación que está promoviendo. Así las cosas, su mano política apunta siempre en la misma dirección: asfixiar  la iniciativa social –en su mayor parte concertada- so pretexto de dar prioridad o mejor, exclusividad, al sistema educativo público.  Y es que no terminan de asumir ni ella ni el Gobierno del que forma parte que la existencia de una doble red de centros sostenidos con fondos públicos es una de las principales fortalezas de nuestro sistema.

Y lo es porque se trata de una forma razonable y eficiente de convertir en realidad en toda su extensión el mandato constitucional. Además, la experiencia de estos años ha demostrado que la existencia de esa doble red abre un espacio de emulación positiva entre ambas tipologías que resulta un acicate para la mejora de ambas e incorpora elementos de eficiencia económica en la inversión pública educativa.

Fueron éstas en su día reflexiones del ex ministro Wert, pero que resultan hoy igualmente válidas. O si se quiere, más, a la vista de la reducción de espacios de libertad que está caracterizando al Gobierno supuestamente progresista de PSOE y Podemos.

** No deja de ser un contrasentido que por  restricciones en los  tiempos electorales TVE tuviera que cancelar una entrevista con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y que muy poquitas horas después sí pudiera comparecer ante las cámaras de La Sexta el presidente y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

Cierto es que a él no le afecta lo previsto al respecto en la ley electoral, dado que en estos momentos no es convocante de proceso electoral alguno. Lo es, con todo, el partido cuya secretaría general ostenta. Y él mismo no se está privando de participar personalmente en la campaña. Pero, en fin, no podía dejar pasar esta oportunidad para echar una más que mano y seguir dominando primeras páginas y emisiones informativas.

Siempre noticia; siempre actualidad. Es su obsesiva política. Las performances de las firmas le encantan. No le ruboriza lo más mínimo forzar actos cuyo principal objetivo es el propagandístico, como la firma última con los agentes sociales y con unos blanditos representantes empresariales que en alguna ocasión que otra se levantan de la mesa de negociación, pero que luego vuelven pronto a la misma.

** A  Pedro Sánchez se le ve feliz. Como si durmiera mejor. Se ha quitado de encima el peso político de la crisis sanitaria, que ha dejado sobre la mesa de las comunidades autónomas, y él, en pleno  recelo general por el repunte de los contagios,  se lanza a invitar a lo ciudadanía a disfrutar de las terrazas,  reductos estos que,  como se sabe, no vienen siendo los más ejemplares en la observancia de la distancia social y otras debidas precauciones. Muy oportuno el presidente en esta ocasión no ha estado.

                Pero ahí sigue. En la entrevista de La Sexta se le vio muy seguro de sí mismo. Desde luego, tranquilo; con la tranquilidad de quien piensa que todo le está saliendo bien. Estrenando corte de pelo, moviéndose con soltura en el sillón y contestando lo que le venía en gana a las preguntas y repreguntas  del periodista. Con enorme desparpajo y cara dura; sin que se le moviera un músculo de la cara. Manejando estupendamente el arte de torear,  fue colocando los mensajes que llevaba preparados, vinieran o no mucho a cuento. Misión cumplida.

** Pablo Iglesias parece haber llegado, como las cigüeñas con el bebé en el pico,  de París. De hacerle caso, da la impresión de no haber actuado  nunca como oposición, ni haber ocupado plazas públicas, ni haber montado grandes manifestaciones, ni haber rodeado el Congreso. Puro y limpio de antecedentes reivindicativos. Ahora, desde altas alfombras del poder,  arremete contra la derecha y sus medios próximos y dice que quieren “sacarles del Gobierno”. ¿Y él qué pretendía tiempo atrás cuando hacía lo propio?

Con el lío que se trae montado a propósito de  sus cloacas y tarjetas telefónicas, no está siendo el mejor tiempo para Iglesias. Antes al contrario, el líder de Podemos atraviesa sus horas más bajas.  Hoy por hoy quien no debe de dormir muy bien es él y no precisamente Pedro Sánchez.

                Discurso parecido tiene también Pedro Sánchez: “La estrategia de acoso y derribo de la derecha al Gobierno de coalición ha fracasado. Han utilizado la pandemia para intentar derrocar al Gobierno”.  En política democrática no  sé cómo sin votos se puede  deponer a un Ejecutivo. Pero en todo caso,  qué pretendía él cuando ejercía la férrea oposición del “no es no”?  ¿Dar sólo, como se dice, pellizcos de monja?

** Ha escrito bien Cristina Losada que el más notable pedestal vacío que han dejado las estatuas derribadas en nombre del antirracismo ha sido el que corresponde a la crítica. Y es que en periódicos y medios de prestigio no se ha podido leer un análisis u opinión radical contra tales actuaciones. Ni en Estados Unidos, principal escenario de las mismas, ni en países europeos donde se ha hecho derribo de imitación. No ha habido académicos,  ni historiadores ni expertos en arte que hayan salido a la palestra para hacer oír su voz.

¿Miedo a despertar las iras de un movimiento en principio justificado como es el antirracismo? Sea como fuere, la intelectualidad no ha estado a la debida altura. El pedestal vacío es suyo.

** Ya están en la calle o a punto de verse en tal situación los golpistas catalanes condenados por el proceso soberanista. Sin haber cumplido prácticamente condena. Y ha vuelto a llamar estos días la atención el tratamiento general  dado por las cadenas televisivas todas: ni una sola imagen recordatorio de las acciones violentas protagonizadas, con alguno de sus más reconocidos agitadores subido, por ejemplo, a los coches de la Guardia Civil o alentando a la multitud congregada a impedir  salida de una funcionaria judicial.

Sólo documentos gráficos  como supuestos pacíficos ciudadanos caminando por los exteriores de no se sabe dónde. Visto lo visto, muchos se podrán haber preguntado por el porqué de la condena de tan aparentes mansos personajes.

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