La sombra de Aznar

Aznar ha fracasado en su intento de derrocar al Gobierno de coalición de Pedro Sánchez. De los dos principales alfiles movidos en la partida, Pablo Casado es ya el principal damnificado. El otro, Santiago Abascal, no ha pasado de la mitad del tablero y parece que aún tendrá fuelle para hacer con él nuevos movimientos estratégicos. A Casado lo ha movido de un lado a otro sin lograr eliminar ni un solo peón contrario. Buscando apoyarlo, ha utilizado la torre madrileña y prácticamente la ha perdido enterrada entre los ancianos muertos en su territorio. Está tan tocada que las campanas de la Puerta del Sol anuncian que Isabel Díaz Ayuso no comerá allí las uvas de fin de año. De los caballos de Troya con que contaba en el interior de las filas gubernamentales, ha perdido algunos muy importantes. Quizás le quedan otros en la torre de la justicia, pero no parece seguro que tengan fuerza suficiente para desmontar el enroque de Pedro y Pablo, por muchas causas que desentierren o inventen en los sótanos de la conjura.

Ni que decir tiene que yo creo en las conspiraciones, ya sean políticas, económicas, judiciales, militares, religiosas… La vida pública, además de cloacas, también dispone de lugares donde se reúnen los embozados para intrigar. Si no lo cree, dese un paseo por cualquier época histórica de nuestra civilización. La actual no es distinta. Existe la certeza de que Aznar no soportó la pérdida del poder al desvanecerse su imaginado control sobre Rajoy y desde entonces no ha parado de luchar para volver al timón del barco de la derecha. Lo ha conseguido usando a Casado como mascarón de proa y a Abascal de palo mayor, pero las jugadas ni le han dado el resultado deseado en el terreno electoral, ni sobre el tablero de ajedrez con la crispación. Cuanto ariete ha empleado durante la pandemia para romper los pactos y debilitar al ejecutivo han resultado inútiles y han desgastado antes a sus peones más duros, Cayetana Álvarez de Toledo por ejemplo, que a los ministros y ejecutivos. La prueba evidente se constata en el último giro al volver la vista sobre Galicia. Comunidad considerada en la Génova actual territorio distinto y escasamente amigo de los conjurados.

En los sótanos se veía el presulto triunfo de Feijoo como otro fracaso para la carrera de Casado y viceversa. No estaban dispuestos a mover un dedo en positivo a favor el líder gallego si el gabinete de Sánchez caía antes. Pero amortiguada la pandemia, encaminado el soporte económico de Europa, conseguido el respeto internacional, y el apoyo de sindicatos y patronal, hay Gobierno progresista para rato. Así las cosas, Casado no ha tardado un suspiro en cruzar el Padornelo buscando el paraguas triunfador del PPdeG. El movimiento ha disgustando a los estrategas gallegos, quienes se han visto obligados a subir a Rajoy al escenario, tratando de amortiguar el impacto negativo de los aznaristas. 

Con Casado presente, sobre Feijoo planea la superstición de sus sucesivas derrotas, también cosechadas por el PP en Galicia. Aunque Aznar no aparezca en el ruedo de las elecciones gallegas, no hay duda de que en este momento su alargada sombra planea por estos pagos. Porque además, qué podemos deducir del repentino interés de Vox, pisando fuerte en una campaña en la cual prácticamente no pensaban intervenir. ¿Se ha convertido Galicia en la última oportunidad de Aznar/Casado/Abascal para apuntalar sus maquinaciones?.

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