12/X: elecciones atípicas

                Cualquier debate con nutrida presencia de  participantes está condenado al fracaso. Lo acredita la experiencia.  Y si se trata de un evento a las puertas de unas elecciones, así lo será en mayor medida. Fue lo que sucedió en el encuentro nada menos que a siete emitido el lunes por los medios públicos autonómicos de cara a la convocatoria del próximo domingo en nuestra comunidad.

                El formato de la cita fue determinado por la Junta Electoral: presencia de los cuatro partidos con representación parlamentaria y de otros tres -¿por qué?- a título de “grupos significativos”. Largo –nada menos que tres horas-  y tedioso resultó, como no podía ser de otra forma. Y embarullado de más.

Raros fueron los intervinientes que resistieron la tentación de replicarse sobre la marcha unos a otros y caer, en consecuencia,  en un cruce de voces superpuestas que hicieron ininteligibles buena parte de los mensajes. Tiempos de intervención cortos y hasta publicidad por medio. Un guirigay. Es de esperar que no prospere la propuesta de alguno de los presentes en el sentido de celebrar otro debate para  explayarse más y mejor. Dios no lo quiera.

Cincuenta y seis listas se ofrecerán el domingo al cuerpo electoral: 16 en Pontevedra, 14 en A Coruña, 13 en Lugo y otras tantas en Ourense. Aparte de la presencia de los partidos clásicos y convencionales,  concurren otros que malamente podrán ser identificados por sus denominaciones oficiales.

Es el caso de Galicia en Común-Anova Mareas, que encabeza Antón Gómez Reino. O el de En Marea-Compromiso por Galicia-Partido Galeguista-Marea Galeguista, heredera legal de En Marea y cuyo dirigente más aireado en los medios es el cabeza por A Coruña, Francisco/Pancho Casal (espero haberlo transcrito del DOG debidamente). Mucha “marea”. Mareas vivas,  que no creo le despejen muchas dudas al elector de a pie.  Y excesiva fragmentación en este sector del espectro político, que tampoco  vendrá nada bien a la hora de traducir los votos en escaños.

De todas formas, el debate de marras dejó una cosa clara: salvo Feijóo, todos los demás se consideraron por sí mismos perdedores. Así cupo deducirlo de la alianza de la izquierda que para eventualmente gobernar después del 12/X allí se perfiló, por mucho que el socialista inasequible al desaliento Gonzalo Caballero –como un lorito o disco rayado con eso del progresismo- y la independentista y recrecida Ana Pontón (BNG) pretendieran en ocasiones desmarcarse de tal escenario. Todos juntos o nada.

En principio, entre los dos citados está hoy por hoy la mayor incógnita: quién quedará segundo. Si días antes del comienzo de la campaña la distancia entre uno y otro era de seis puntos y cinco escaños, últimamente el trecho entre ambos se va reduciendo: 1,4 puntos a favor del PSdeG y empate a escaños.

Queda un 30 por ciento largo de indecisos, que es de esperar no sean tantos a la hora de la verdad.  Salvo claro, que los rebrotes y/o nuevos contagios por el virus retraigan a no pocos de acudir a las urnas, en especial entre el colectivo considerado de  mayor riesgo. Los dirigentes políticos no lo confiesan. Pero lo temen.

Tal vez por eso Feijóo pretenda en los días que faltan  amarrar en mayor medida la clara victoria que le dan las encuestas y alerte contra la pérdida práctica del voto a Ciudadanos y Vox y sobre el multipartito que se podría instalar en San Caetano. Más vale, en efecto, ser precavido.

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