Los tres pilares

El Jueves Santo forma parte de las esencias más irrenunciables del cristianismo. Nada sería la fe cristiana sin este día y todo lo que en él acontece. Algo que ya el Antiguo Testamento fue profetizando. Los tres años de la vida pública de Jesús se encaminaron hacia un final que recoge la Iglesia en el Triduo Sacro que hoy comienza. Si tuviésemos que resumir brevemente lo que hoy celebramos tendríamos que ir a San Pablo y recoger aquella frase fundamental del mensaje cristiano “Me amó y se entregó a la muerte por mí” (Gal. 2,16.19-21). Y de ello da muestras contundentes perdonando a quienes le crucificaron y al ladrón que estaba a su lado en el Gólgota. Fue el gran testamento de la historia. El perdón para todos y para cada uno, representados en San Juan, una madre.

opi_09

Y en este día y como consecuencia de lo que acabamos de decir, deja a la Iglesia tres pilares fundamentales sin los cuales sería imposible su pervivencia a lo largo de los siglos: la Eucaristía, la Caridad y el Sacerdocio. Sería imposible la Iglesia sin estos tres referentes. Tal día como hoy, algo que se actualiza siempre, Jesús instituyó lo más sagrado que tenemos los creyentes que es la presencia real de Cristo. Como Dios está en todas partes pero en la Eucaristía además de “estar”, “es” Él mismo con su Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad. Lo dejó bien claro: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20). Y esto se cumple para los creyentes en el momento de la celebración eucarística pero también cuando, en el sagrario de todas las iglesias, permanece vivo y presente.PUBLICIDAD

Y para ello dejó un mandato claro a sus discípulos y a los sacerdotes sus sucesores en este mismo día cuando instituye el sacramento del orden sacerdotal (Lc 22, 14-20): “Haced esto en memoria mía”. Así quedó instituido el sacerdocio en la Última Cena que hoy se celebra. Un Jueves Santo con un gran contenido. Es el Banquete eucarístico pero de igual modo es el sacrificio de la cruz. Olvidar estas dos connotaciones de la Eucaristía supone olvidar algo esencial de la fe.

Y por último el mandamiento de la caridad que debe ser el santo y seña de la fe cristiana y que supera a la tolerancia. Son los pobres, los necesitados, los que sufren o pasan hambre los que deben ocupar el centro de la actividad de los creyentes. Cristo justo en la Última Cena lavó los pies a sus discípulos y les recordó: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros también vosotros lo hagáis” (Jn 13,5). La Iglesia siguiendo el ejemplo de Cristo debe estar, como recuerda el papa Francisco, al servicio de la humanidad. Especialmente de los más necesitados.

El amor que Dios nos manifiesta, lejos de ser algo etéreo y meramente espiritual debe convertirse en servicio y testimonio de su presencia. El cristiano siguiendo él “amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15 12) debe ser levadura que transforme el mundo.

Como recuerda San Juan en su primera carta seriamos mentirosos si decimos amar a Dios a quien “no vemos” y olvidamos a los que están a nuestro lado. Pero más adelante en su misma carta recuerda que sabemos que es verdadero el amor a los hermanos en que amamos a Dios, porque somos todos hijos de un mismo Padre y para amar al engendrado es coherente amar al Engendrador. Un pasaje, el de esta carta joánica, que debiéramos releer muchas veces para captar su verdadero significado. Y todo esto y más recuerda el Jueves Santo.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar