Una semana especial

Comenzamos hoy, Domingo de Ramos, la Semana Santa, que son los días que la Iglesia, los cristianos, consideramos fundamentales. En ella se actualiza la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo. Días para la reflexión. Este año vamos a pasar una semana diferente. Nuestras calles vacías, nuestros templos casi cerrados y las masivas ceremonias quedan excluidas. Una experiencia diferente y única para todos cuantos estamos acostumbrados a otras experiencias. Y máxime en España, donde la Semana Santa se deja notar en las calles. Pierde la fe una expresión secular pero también el turismo supondrá un duro golpe para la economía hispana. Todo un cúmulo de nuevas realidades que nos va a tocar vivir este año.

Pensaba yo en esta realidad en nuestra obligada cuarentena y me viene a la mente el refrán que nos recuerda que “nunca hay mal que por bien no venga”. Y es cierto el refrán en este caso de manera especial. Es una semana de reflexión de dolor con Cristo dolorido y quebranto con Cristo quebrantado. Un momento para volver al profeta Isaías cuando nos habla del doliente Siervo de Yahvé. Toda una serie de datos que acaso este año podremos vivir con mayor intensidad en el recogimiento y sin el bullicio externo.

Por eso vamos a tener la posibilidad de algo que el mundo de hoy hace difícil de conseguir, que es la reflexión, el recogimiento y en suma la oración. Porque el mundo actual vive muy hacia fuera, con un materialismo y una cultura del tener, olvidando lo fundamental, que es la dimensión espiritual, la vida interior. Este año podremos sin duda profundizar en todo ello. Comenzando por la meditación de la fragilidad de nuestras vidas, incapaces de mirar más hacia dentro. Baste ver el sistema de vida que muchos adoptan en estos días: la nieve, la playa, las excursiones… dando la espalda a lo que en realidad se celebra en estas jornadas.

Por eso las circunstancias actuales pueden brindarnos la ocasión de ver las cosas de otro modo. Y eso para los fervientes católicos, pero de igual modo para agnósticos e incluso ateos. Todos vamos a tener la oportunidad de hacer nuestras vidas un poco más humanas y sobre todo espirituales.  Luchamos en nuestro vivir diario para incrementar nuestro bienestar externo con refinadas jornadas de ocio y de esparcimiento. ¿Cuándo en el año tenemos también unos días para la reflexión? Meditación espiritual pero de igual modo reflexión humana que nos conduzca a la perfección del ser, porque el “tener”, por desgracia, comprobamos que nunca nos llena.

Por todo ello, personalmente opino, si me dejan, que esta Semana Santa puede cumplir tal vez sus más esenciales significados

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