Acotaciones

** Personal sanitario en sus más diversas especialidades, transportistas, agricultores y ganaderos a pie de finca o establo, fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, empleados de servicios públicos, personal de mercados y supers, suministradores y distribuidores en general.  Seguro que se me olvida alguno.

Pero aun así, larga está siendo estos días la lista de gentes anónimas que no hibernan; que con su actividad profesional  están prestando estos días  una inestimable colaboración a que nuestra vida de confinamiento sea más segura y más llevadera. Algunas desde una primera línea de peligro personal. A cuerpo descubierto, casi sin la imprescindible autoprotección.

                Todo el mes de abril les queda por delante en esta complicada situación, aunque es de esperar que con el paso de los días vaya habiendo más y más eficaces medios en la pelea por el escurridizo virus que nos acecha. E irán saliendo nuevos colectivos ciudadanos. El último con que me he topado ha sido el de  maestros y profesores. Lo proponía para su justo reconocimiento el director del semanario profesional “Magisterio”, José María de Moya, en carta abierta a los lectores.

                Maestros y profesores, veteranos y noveles, impartiendo diariamente videoclases, celebrando videotutorías, asistiendo a claustros virtuales, inventando y compartiendo recursos para el aula, trabajando en la distancia con los chicos, participando activamente en webinarios. Están sido el vital hilo que no se rompe de la enseñanza.

                Ya de paso, personalmente propondría a otros grandes servidores de estos azarosos días: periodistas e informadores en sus variadas modalidades profesionales. Están siendo el cordón umbilical que nos une al mundo exterior, imprescindible también para salir o amortiguar nuestro confinamiento y el desacostumbrado vacío de nuestras habituales calles y agendas.

                Y  habrá que consignar también otra cuestión no menor: el que los medios no sometidos de una u otra manera el poder ejecutivo estén siendo  de facto los únicos que hoy ejercen en la España de nuestros días el control del Ejecutivo, sin el cual ninguna democracia sobrevive.

** Han tardado los periodistas en alzar su voz contra el filtro aplicado por el Gobierno a sus preguntas  en las ruedas de prensa telemáticas de Pedro Sánchez y miembros del Gobierno. Por fin  un centenar largo de ellos lo han hecho a través de un manifiesto en el que reivindican la libertad de preguntar y repreguntar sin mordazas y dificultades añadidas, especialmente en un tiempo en que el Ejecutivo disfruta de unos poderes muy superiores a los normales y el Parlamento ha limitado enormemente su actividad.  A ello se han sumado varias Asociaciones de la Prensa.

Las dificultades técnicas alegadas por Moncloa para así proceder son consideradas como meras excusas para un control de la información. Y recuerdan que la declaración del estado de alarma no supone merma alguna en la aplicación del artículo 20 de la Constitución. Sin preguntas libres no hay periodismo.

De continuar los filtros y controles, a quienes debidamente han protestado sólo les queda no participar ni darse por enterados de tales supuestas ruedas de prensa. Con Rajoy o Casado lo habrían hecho hace tiempo. Y con que asistieran sólo las agencias sería más que suficiente. Ni en las dictaduras bananeras, en las ruedas de prensa del Gobierno las preguntas las hace el propio Gobierno, aunque camuflado en este caso como secretario de Estado de Comunicación. De Comunicación y Filtros, como ya apostillan algunos.

** La crisis del Covid-19 ha animado a muchas empresas en España y en todo el mundo a fomentar el teletrabajo. Y aunque se trata de una medida en principio excepcional, lo cierto es que está suponiendo entre otras cosas, una oportunidad de oro para testar su eficacia; para medir cómo afecta a la productividad de los empleados, y para comprobar el grado de satisfacción de los trabajadores. No es aplicable, por supuesto, en todas las empresas. Incluso en las  de servicios en las que sí se puede emplear esta nueva forma de trabajo, seguiría siendo preciso acudir a la oficina de forma puntual.

                Desde otras perspectivas, puede ser también una buena fórmula de conciliación familiar y laboral para trabajadores  con hijos.  Además si se convirtiera en habitual, permitiría reducir el número de desplazamientos en horas punta, mejorar el tráfico en las grandes ciudades  y reducir las emisiones de dióxido de carbono.   Varios pájaros de un tiro. Y algo muy parecido podría decirse de las reuniones de trabajo, foros y otros eventos que vía telemática también podrían resolverse. Nuevos tiempos, nuevas oportunidades.

** Casi por sorpresa y en comparecencia oficial,  hace unos días se nos presentó Pablo Iglesias en la tele como el responsable de coordinar los servicios sociales de las comunidades autónomas. Pero en tal menester no se le conoce mayor actividad. Por lo que cuentan los cronistas monclovitas, al término del  consejo de ministros del martes pasado, pidió a Pedro Sánchez poder comparecer, escoltado nada menos que por la vicepresidente económica y de la portavoz oficial.

Era la primera vez que lo hacía tras la reunión del Gabinete ministerial y la segunda desde el estado de alarma. Ahora está buscando su sello personal en la gestión de la crisis; en ponerse las oportunas medallas.  El “muerto” de las cifras del paro se lo deja a la entusiasta, embarullada y superacicalada Yolanda Díaz. Si no fuera por el enorme recelo que provocan su ideología de siempre y sus discursos de las grandes ocasiones, bien podría decirse que el secretario general de Podemos estaría ganando peso.

Pero de uno de los grandes dramas del momento, cual es el estado de las residencias de tercera edad, en las que se calcula han muerto al menos 3.600 personas víctimas del virus y otras 6.600 se han contagiado, de todo eso no habla ni actúa. Como si no fuera también de su competencia. Como si no fuera ministro de Derechos sociales. Está desaparecido. Está en otra guerra. Les deja el problema a las comunidades autónomas. ¿No tendrá, sin embargo, él alguna responsabilidad política?

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