Entre la zozobra y el miedo

Necesariamente habremos de volver al tema del coronavirus porque la cosa se torna de día en día en algo muy serio. Al comienzo, cuando las noticias llegaban de China, nada hacía presagiar que se iba a convertir en una pandemia mundial. La alarma nacional debiéramos todos tomarla en cuenta. El lema que ha recogido el Gobierno y varios medios de comunicación es muy cierto: “Este virus lo paramos unidos”. Posiblemente algunos españoles son incapaces de calibrar el valor y la categoría de la medicina del país. Lo ha repetido el presidente del Gobierno y tiene toda la razón. Contamos con una sanidad en España de lo mejor del mundo. A los críticos les llevaría yo a países del entorno sin tener que irse al otro lado del charco para ver y valorar esa categoría.

Digo todo esto porque siempre surgen críticos sin base. Es el momento de dejar a un lado la política. Me parece nefasto tratar de discutir la actuación del sistema sanitario cuando de lo que se trata es de arrimar el hombro de derecha a izquierda sin excepción. Porque nuestra clase politica parece vivir en una crisis permanente atacando todo lo que viene del partido contrario. Es ahora el momento de los pactos de estado, de la ayuda mutua de la absoluta colaboración.

Ha habido alguna formación política que se ha dedicado a culpar al Gobierno de la situación actual. Me parece de todo punto absurda esta actitud, como resaltaba la ministra de Defensa. Es el momento de la confianza plena en los técnicos sanitarios que están poniendo todo de su parte para conseguir acabar con esta zozobra. Pero también es el momento de la cordura y sensatez de la ciudadanía que debe adaptarse a la situación evitando temeridades que lo único que consiguen es desestabilizar. Unos están en este caso para mandar y la ciudadanía para obedecer sin fisuras para ver si, entre todos, conseguimos desterrar esta pandemia. Sobra la osadía de unos, el atrevimiento de otros y la falta de responsabilidad de más de uno con viajes y excursiones hoy de todo punto innecesarias y peligrosas.

Es muy de alabar la actitud también de la OMS que puntualmente informa. Y es de desear que los distintos gobiernos informen puntualmente al pueblo sin ocultar la realidad por muy dura que esta sea que, por lo que se ve, lo es. Es muy comprensible la contundencia de las medidas que se están tomando en casi todos los países y, en cuanto a los escolares, muchos países siguen manteniendo las aulas abiertas porque dudan de que si las cierran, los alumnos cumplan los protocolos que están marcados consiguiendo así que sea peor el remedio que la enfermedad. Poco importaría el cierre de los centros si después siguiesen abiertos lugares de ocio. Estas son las medidas complementarias ya tomadas por las autoridades sanitarias y que las familias deben asumir.

Las cosas han llegado a un momento en el que el centro del problema para todos, debe ser esa recuperación ansiada dejando, al menos de momento, a un lado otros problemas. Porque los rumores tan variopintos sobre el origen de la enfermedad han construido montañas y montañas de suposiciones que debieran dejarse. El problema ahora es distinto.

Estamos viendo esta mancha de aceite que se está expandiendo por todo el mundo como un reguero de pólvora difícil de atajar. Todos los medios necesarios deben volcarse en la investigación que en numerosos laboratorios de manera pertinaz se están llevando a cabo. Esperemos que la ciencia humana llegue a dar con la solución. 

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