El asunto de Carmen Calvo tiene un aspecto moral

El asunto de Carmen Calvo tiene un aspecto meramente moral y expresa la contradicción entre lo que se predica para otros y se elige para cada uno. Ha ejercido su derecho, como miles de funcionarios y eso es incuestionable. Pero ella pertenece a un partido y un Gobierno que defiende la Sanidad Pública por encima de todo. Pero cuando pudo elegir acogerse a ella, la señora Calvo no lo hizo.

El ingreso de la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, con una afección respiratoria, en la más famosa y elitista clínica privada de Madrid, ha provocado un agitado debate en redes sociales en el que la militancia del PSOE ha cerrado filas en torno a su camarada, aprovechando para desviar el fondo del asunto de su verdadero sentido: la coherencia personal de quien pertenece a un partido y a un Gobierno que pasa por paladín de la defensa de la sanidad pública.


El hecho cierto es que la señora Calvo, como miles de funcionarios como ella, y yo mismo lo soy, aunque jubilado, pertenecientes a la Mutualidad Nacional de Funcionarios, optamos en su momento, bien por recibir atención médica a través del sistema general de la Seguridad Social en centros públicos, como opté yo, o bien acogerse a la posibilidad de ser atendido por centros privados a través de los sistemas de los adecuados convenios. La estadística confirma que la señora Calvo ha optado al igual que ocho de cada diez funcionarios, por elegir la opción privada.


La señora Calvo está en su derecho y lo ha ejercido. Nada que objetar en ese sentido. Pero hay un pequeño matiz. En su día, esta activa militante del PSOE, en función de lo cual ha ocupado repetidos cargos públicos, ha defendido y defiende, en consonancia con su partido, la necesidad de reforzar y ofrecer a los españoles una sanidad pública de calidad, extendida y eficaz. Sin embargo, pese a que se predica una cosa, a la hora de optar ha preferido acogerse al resguardo de lo privado.


Uno supone que lo coherente moralmente es que, cuando uno se dice socialista, y se predica, insisto, un determinado modelo de sociedad, todos los actos de la propia vida personal estén en consonancia con lo que se dice. En eso de decir, esta señora ya nos ilustró en su día que con que el dinero público no es de nadie. No debe tener empero mucha confianza en la sanidad pública, cuando a la hora de tomar una decisión fundamental en su vida decaen sus propias ideas predicables y prefiere ser atendida fuera del sistema general que acoge a la inmensa mayoría de los españoles.


No es de extrañar, pues, que en un momento en que el sistema nacional de salud público está desbordado y vemos a pacientes tirados literalmente por los pasillos y que cada día mueren por cientos los ingresados en centros públicos, un personaje tan singular y emblemático del PSOE y del Gobierno resulta que es llevada a la clínica de los ricos, los poderosos y los exclusivos. Por ejemplo, en clínicas como la Ruber, el acompañante del paciente tiene, en determinados casos, derecho a habitación privada.
Yo que, aunque jubilado, soy igual que la señora Calvo funcionario del mismo nivel y rango de cuerpo nacional, cuando ingresé en MUFACE elegí seguir adscrito a efectos de asistencia al sistema del que dependía cuando era un trabajador por cuenta ajena. Es decir, en aspecto tan esencial como mi seguridad vital, prefería seguir en lo público en lugar de acogerme al sistema de acuerdos con compañías aseguradoras privadas, como Adeslas, Sanitas, Asisa, y DKV, concertadas con MUFACE es un organismo público que presta asistencia a sus mutualistas, funcionarios, a través de dos sistemas. Y unos optamos por mantener el régimen de seguridad social originario y otros no. Estamos, a mi entender, ante un problema de orden moral. Insisto, la señora Calvo tiene todo el derecho a elegir cómo quiere ser atendida. Pero lo que ella y los suyos predican sobe la sanidad pública no casa precisamente con su elección.

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