Ética y política democrática

La política democrática es una tarea ética en cuanto se propone que el hombre, la persona, erija su propio desarrollo personal en la finalidad de su existencia, libremente, porque la libertad es la atmósfera de la vida moral. Que libremente busque sus fines, lo que no significa que gratuita o arbitrariamente los invente, libremente se comprometa en el desarrollo de la sociedad, libremente asuma su solidaridad con sus conciudadanos, sus vecinos. En un estado de alarma, como el actual, la libertad se encuentra limitada externamente, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que la libertad se vea amenazada siempre que las decisiones excepcionales sean racionales, estén motivadas y tengan como principio y fin la defensa, protección y promoción de la dignidad humana, especialmente la de aquellos más frágiles y desvalidos.

El solar sobre el que es posible construir la sociedad democrática es el de la realidad del ser humano, una realidad no acabada, ni plenamente conocida, por cuanto es personalmente biográfica, y socialmente histórica, pero incoada y atisbada como una realidad entretejida de libertad y solidaridad, y destinada por tanto, desde esa plataforma sustantiva, a protagonizar su existencia. Una existencia, que en las condiciones actuales, puede crecer, y mucho, en lo que se refiere a la solidaridad poniendo en juego lo que he denominado libertad solidaria.

La política democrática no puede reducirse, pues, a la simple articulación de procedimientos, con ser éste uno de sus  aspectos más fundamentales; la política democrática debe partir de la afirmación radical de la preeminencia de la persona, y de sus derechos, a la que los poderes públicos, despejada toda tentación de despotismo o de autoritarismo, hoy más evidente, deben subordinarse
La afirmación de la prioridad del ser humano, de la fundamentalidad del ser humano en la concepción las nuevas políticas,  es el elemento clave de su configuración ética. Pero tratar de configuración ética no puede entenderse como la articulación de una propuesta ética concreta, definida, que venga a constituir una especie de credo o de código de principios dogmáticos desde los que se pretenda hacer una construcción política.

Hoy, en que comprobamos que la salud y la enfermedad no tienen ideología, hemos de evitar que la ideología, sobre todo la cerrada, esa que pretende invadirlo todo y a todos, lesione la salud y enferme a las personas.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar